El Afilador
 

"....y es la flauta del afilador
que recorre la calle Laprida...."

María Elena Walsh. "Vals Municipal".

Originalmente el afilador hacía su recorrido a pié, con su "herramienta" a cuesta, armada en madera, con una gran rueda que en la parte superior llevaba un disco de piedra esmeril que se accionaba manualmente. Una pequeña alcuza mojaba la piedra facilitando el afile de cuchillas y tijeras. Los cocineros, los peluqueros y los sastres fueron los clientes más consecuentes. Con el sonido cordial de su flautín, armado con siete canutillos metálicos o de madera de diferente tamaño que reproducían la escala musical, anunciaba su presencia.

Los afiladores actuales van en bicicleta que con pequeñas adaptaciones responde muy bien a su actividad. Sobre el caño, es decir el tramo que va desde el manubrio al asiento, lleva la piedra de afilar que se acciona a través de una rueda dentada unida al eje de la piedra que se conecta con la cadena de la bicicleta. Con la rueda motriz ligeramente levantada del suelo mediante un pequeño sostenedor, sólo falta pedalear para comenzar a afilar. El brillo de las chispas, agrega un carácter festivo al trabajo.

Don Esteban Simón, de 77 años de edad, desde hace 35 recorre los barrios de Palermo y Retiro, y don Benjamín Ogando, que ya superó los 80, continúa trabajando con su antigua rueda de madera.

Pedro Fernández, español, y de Orense, como corresponde a un afilador que se precie de tal, dado que esta ciudad gallega se conoce como la tierra de los afiladores por excelencia, con ochenta años de edad, recuerda cuando recorría más de cien cuadras por día: " Si uno se sacrificaba podía ganar un pesito más. Después, todo cambió, con la industrialización el trabajo desapareció".

Don Pedro cuenta que aprender el oficio no es fácil, y que hasta puede ser riesgoso. Como certificando sus palabras muestra el dedo índice de su mano derecha con la impronta de una herida producto de la inexperiencia inicial. Con su bicicleta roja y sus piedras anduvo por muchos rincones del país, pregonando su máxima fundamental: "La comida sabe mejor cuando el cuchillo corta bien".

Otros afiladores se instalaron en locales, como Esteban Adam, en San Juan 3843, que además fue un excelente pintor y grabador; Pedro Stocovaz, en Varela al 900 o Nicolás Waldegger en Cabildo al 3100.

Fuente: http://www.dgpatrimonio.buenosaires.gov.ar/display.php?page=izq_inta/patrim_oficio.htm#1

Agenci@ EL VIGÍA