2010: el año del Vuelo y la Siembra

Por Dante López Foresi

(Diario EL VIGÍA- 18/12/10) - 2010 fue un año de emociones encontradas. Contradictorias. Imborrables. 2010 estuvo en seis millones de rostros exultantes. En una mujer bailando y un hombre jugando con una gorra. 2010 volaba por los aires, entre sogas, caños y arte. 2010 cantó de a millones. Estuvo en dos manos del mismo sexo entrelazadas. En dos manos de distinto sexo entrelazadas. En un sueño común entrelazado.

2010 estuvo en un debate postergado. En una decisión tomada y en varias críticas «porque sí». La mitad lo vivió intensamente, sabiendo que la otra mitad sólo esperaba el 2011. Debe ser difícil ver celebrar al adversario, hasta cuando llora. 2010 fue un año militante. Fue un año de reverdeceres. Los saliveos babosos de los 90, estrellados contra las esperanzas reproductivas de nuestra era.

2010 fue un año contradictorio y unívoco. Viril y femenino. Fue el año en que las mujeres dejaron de competir con los hombres, los hombres con otros hombres y los sexos se sinceraron hasta encontrarse. El apareamiento de los sueños fue inevitable, a pesar de esos golpes insistentes en las puertas. No lograron distraernos.

2010 fue mitad luz y mitad tinieblas. Fue risa que explota y lágrima que estremece. 2010 está en esos rostros adolescentes de Plaza de Mayo, confundidos con las miradas de ternura de esas madres de pañuelos blancos y esos rictus de tristeza de los más emocionantes: los anónimos. Fue martillo que golpea, no para romper, sino para construir. Si, hay golpes que se lanzan con amor.

2010 fue grito y fue susurro. Fue delicia y fue asco. Fue romance y viudez. Fue desfile incesante de afecto. Fueron labios tambaleantes de sollozos. Abrazos que no alcanzan, que no abarcan todo lo que uno desea. 2010 fue delirio y fue prudencia. Fueron máscaras cayendo. Fue de cruel clarividencia. 2010 fue el año en que la miseria humana no venció, a pesar de hacerse visible y desafiante.

Fue despedida y bienvenida. Abrazo con desconocidos, primero para reír y cantar. Luego para llorar y mirar al cielo, preguntando el motivo quien sabe a quien. 2010 fue el regreso a casa con piernas cansadas, pero con ganas de caminar más rápido.
Fue la caricia a un hijo, jurando «esta vez no». 2010 no fue de sepultura, sino de siembra.

Fue el año de los estudiantes en la calle, ante la indignación de mil taxistas. Pero claro. 2010 fue un año contradictorio. También 2010 fue de impotencias violentas. De predicciones apocalípticas.
De envidias desbordantes.
De espionajes vocacionales.
De preguntarse ¿de qué manera?
2010 también fue un año de Padrinos. El 2011 apura.

También fue un año de «independencias» y «objetividades» desmoronadas, estrellándose contra sus propias mezquindades.
2010 fue el año donde todos aprendimos el significado de gestos y palabras que, hasta 2010, eran celosamente resguardados: operaciones, deseos de viudez ajena, consenso imposible si hay pugna, pugnas imprescindibles, verdades siempre relativas, mentiras habituales, odio al distinto, odio al hermano, desprecio por el pobre, trajes de muertos célebres en cuerpos de hijos ambiciosos, voces que soplan al oído del poder respuestas insuficientes y muertes inexplicables. O demasiado fáciles de explicar.

2010 fue un año de amores y odios. De alegrías y dolores. De sabores dulces y amargos. De liberación y de temores. De silencios respetuosos...y de los otros.
Sin embargo, y en definitiva, 2010 fue un buen año. En realidad no sé si fue un buen año. Fue un año imborrable.

Y 2011, será mejor.

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