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El voto popular detectó quién parió la "crispación"

Por Dante López Foresi

(Diario EL VIGÍA- 21/09/11) - En ocasión del tratamiento de la Resolución 125, escribimos desde estas mismas páginas que "la historia fagocitará a quienes no estén a la altura de las circunstancias de un nuevo orden mundial que se avecina, con Suramérica como gran protagonista".

Los resultados de aquel episodio, que no fue más que uno de los tantos obstáculos que se le colocaron en el camino a la Presidente y la convirtieron en la titular del gobierno más presionado y desestabilizado de las últimas décadas, fueron sólo dos: la aparición de un Vicepresidente que se burló de la Constitución Nacional y el mandato popular, en nombre de la Constitución Nacional y el mandato popular, y la aparición de una palabreja tilinga denominada "crispación".

Una de las técnicas políticas más comunes y berretas es la de adjudicar al adversario las propias responsabilidades. Es la "politización" de un mecanismo que quienes realizaron diez minutos de terapia ya conocen, y se llama "proyección". Esto es, "proyectar" en el otro las propias miasmas personales de las cuales no podemos hacernos cargo y que nos cuesta horrores superar.

Fue así como el gobierno nacional se convirtió ante los grandes medios, ahora "ex-hegemónicos", en el causante de un clima de "crispación" y desánimo social, que sólo existieron en la virtualidad mediocre de sus íncubos, a la luz de los resultados de las Primarias del 14 de Agosto, la celebración del Bicentenario y los funerales de Néstor Kirchner, entre otros hechos.

Desde las Primarias, la frase "el proyecto es para todos los argentinos" se convirtió en la más utilizada por Cristina Fernández. Y lo lapidario de los porcentajes electorales convirtió a la ya vergonzante oposición argentina en un paso de comedia que cada día nos regala nuevos episodios.

Desde EL VIGÍA anticipamos uno de los skechts más previsibles, teniendo en cuenta los antecedentes de la protagonista. Patricia Bullrich, otrora Ministro de Trabajo de Fernando de la Rúa y afiliada compulsiva a cuanto partido político se encuentre en formación o crecimiento, escuchó el "mandato divino" aprendido de su ahora ex líder Elisa Carrió: tenía que pasarse al PRO de Mauricio Macri.

Y "La Piba", como se la conoce desde sus épocas de Montonera revolucionaria, ya tiene su estrategia diseñada: si es electa por el partido de Carrió, dará el portazo en pleno recinto sumándose al bloque PRO. Pero si los votos no le alcanzan para acceder a una banca, ya tiene reservado un lugar en el gabinete del gobierno porteño.

Resulta extraña esta estrategia macrista. Por un lado llama al diálogo y la confraternidad, y por el otro incorpora a una de las dirigentes más irritantes y menos hábiles a la hora de no confrontar y "lograr consensos".

Sin embargo, Macri también tiene su límite. El inefable Fernando Iglesias sondeó las posibilidades de emigrar junto con su compañera Bullrich al partido que gobierna CABA, pero la respuesta fue tajante: "no queremos para esta nueva etapa un estilo tan confrontativo con el gobierno nacional".

Ante este despecho, Iglesias llama telefónicamente y de manera diaria a Daniel Hadad, para pedirle trabajo en C5N o algunos de sus medios. Al cierre de esta edición, Hadad jamás lo había atendido.

Macri sabe que si quiere ser Presidente en 2015, lo peor que puede hacer es confrontar con la "Señora de Enfrente" quien en las Primarias obtuvo más de la mitad de los votos argentinos. Suponemos kilos de Clonazepan para Bullrich entonces, pues su odio incontinente al kircherismo (quizás sólo porque parece ser el único partido que le cierra las puertas) puede dañar la estrategia de Mauricio.

De no mediar un enfrentamiento irreconciliable con Carrió, su compañero Adrián Pérez, quizás uno de los mejores y más prometedores dirigentes opositores argentinos, quedará como cara visible y voz cantante de la Coalición Cívica. Algo es seguro: nadie en esa fuerza quiere a Carrió como líder y referente.

Doña Elisa (Lilita es un apodo cariñoso y familiar, impropio de ser utilizado por un periodista) deberá conformarse con alguna que otra invitación a los programas de Joaquín Morales Solá y Luis Majul para no tener que volver al ejercicio privado de su profesión y seguir existiendo, de algún modo, como ¿dirigente? política.

La "crispación" inventada desde aquellas cenas en casa del CEO del Grupo Clarín Héctor Magnetto también hicieron romper su palabra de no dedicarse más a la política al ex gobernador y presidente Eduardo Duhalde. Luego de lo que él mismo calificó como un papelón en aquel otro paso de comedia presenciado en las "internas" con Alberto Rodríguez Saá, Duhalde recorre el país buscando dirigentes PRO que se sumen a su tropa. Y cuando los tiene, otro paso de comedia lo "crispa".

En Avellaneda, por ejemplo, dejó plantado al jefe del bloque de concejales del PRO Daniel García, sesenta minutos antes de la hora señalada, todo porque el mismo candidato que en spots electorales asegura ser el "único hombre con coraje para echar al kircherismo" (Ver nota aparte), sintió miedo ante un escrache (al cual él despectivamente denominó "batucada") del Frente Popular Darío Santillán, para recordarle que por su orden política (¿o la de su esposa Chiche?) en la Estación Avellaneda fueron brutalmente masacrados Darío Santillán y Maximiliano Kostecki.

El propio Duhalde fue protagonista de un cuadro desopilante cuando denunció fraude informático en las Primarias. Hubiese sido la primera vez en la historia universal que se comete fraude y el ganador aventaja por casi por 40 puntos a su escolta. La barrabasada duró apenas una conferencia de prensa. Ni siquiera su aliado Clarín le dio demasiada importancia y el resto de los opositores, menos.

Hasta el momento, estamos relatando las acciones de los acusadores de "crispación", pero nos falta un par de ellos que merecen otro tipo de análisis. Nos referimos a Hermes Binner y a Ricardo Alfonsín y Francisco De Narváez. Así, por separado.

Es una verdadera lástima para el equilibrio democrático argentino, que la Unión Cívica Radical haya dilapidado otra oportunidad histórica para resurgir de sus propias cenizas iniciadas desde la paupérrima performance electoral de Horacio Massaccesi, sólo porque el odio anti-kirchnerista no les permitió comprender la necesidad de recuperar sus propias banderas y fe doctrinaria, e hicieron primar la mezquindad y ambición de Poder de un grupúsculo de dirigentes.

Francisco de Narváez, quien parece ser el único dirigente opositor con una meta clara y hacia la cual establece estrategias, necesitaba un candidato a Presidente para saber a ciencia cierta cuántas posibilidades le daban las encuestas de acceder a la gobernación provincial: su único objetivo.

Quizás el "Colorado" subestimó las posibilidades de Alberto Rodríguez Saá, quien por entonces andaba haciendo los ya mencionados papelones junto con Eduardo Duhalde, y no comprendió que el electorado del distrito que pretende disputar es eminentemente peronista y, exagerando claro, se cortaría una mano a la altura del hueso escafoides y de la arteria ulnar, antes que votar a un candidato radical.

Aunque la Ley Electoral no permite nuevos frentes o alianzas, De Narváez toma cada vez más distancia del hijo de uno de los Presidentes más prestigiosos de la historia nacional y se muestra en público con quien, quizás, debiera haber establecido su alianza antes de las Primarias. No referimos, precisamente, a Alberto Rodríguez Saá.

El caso de Hermes Binner es singular. Un candidato al cual casi nadie conoce en el extenso territorio nacional, con un discurso no tan distante al del gobierno nacional, pero que se opone. En otro acto de sincericidio digno de ser evaluado por una junta de peritos psicólogos forenses, Binner dijo que "no me gusta la oposición por la oposición misma". La pregunta inevitable es ¿no es acaso lo que está haciendo? Quizás no explicó claramente cuáles son sus diferencias con el kirchnerismo y lo estamos apurando demasiado.

El Frente Progresista que lidera (FAP) nos recuerda a los más añosos aquel Partido Intransigente, con una juventud bulliciosa (pero con sueños, a diferencia de la actual) y que no profesaba el odio antiperonista (a diferencia de los actuales jóvenes FAP). "Alende no se vende", se gritaba en los 80. Binner, aún debe demostrarlo.

Quizás, en el caso de Binner, la tarea sea la de generar el debate necesario para que sus pibes no confundan oponerse con odiar, del mismo modo que varios periodistas que laboran en medios hegemónicos están entendiendo que son periodistas contratados por empresas periodísticas, y no por partidos opositores. Esta cuestión, merece una nota aparte que prometemos para un futuro cercano.

"El Amor vence al Odio" parece una frase hecha sin demasiado contenido social y político. Se asemeja más a un slogan de campaña que a una realidad. Pero, a la luz de los hechos, cobra más vigencia, si nos concentramos en reflexionar sobre cuál fue la suerte del odio (los verdaderos crispadores) y del amor (jóvenes y trabajadores con sueños y utopías).

Quienes se pasaron denunciando al gobierno nacional de promover la "crispación", terminaron crispando a los electores y quedando atrapados en las telarañas implacables de sus propias mentiras mediáticas.

Un gobierno está para gestionar y tomar decisiones, y la oposición para proponer ideas superadoras. No para odiar. Las Primarias y el derrumbe del capitalismo occidental, con nuestra región y nuestro país de pie y creciendo, pusieron las cosas en su lugar ¿Imagina Usted qué hubiera sido de nosotros si Néstor Kirchner y Hugo Chávez no hubiesen rechazado la integración regional al ALCA en aquella histórica Cumbre en Mar del Plata?.

¿Notaron que casi no hablamos de la prensa hegemónica? Es que desde EL VIGÍA nos negaremos sistemáticamente a que nuestra agenda siga siendo impuesta por ellos. Antes, "cinco tapas de Clarín volteaban a un gobierno". Hoy, cinco tapas de Clarín sirven para envolver cinco docenas de huevos.

Ya no hacen falta concienzudos análisis ni giros idiomáticos rebuscados para explicar una realidad que el pueblo en las urnas hizo extremadamente simple de explicar. Los "crispados" eran realmente los "crispadores". Porque les convenía. Y, lo más importante: Las recetas neoliberales están derrumbando a los países otrora envidiados.

Gracias a Suramérica y sus gobiernos, en este sentido al menos, estamos "fuera del mundo".

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