La metamorfosis de los "periodistas independientes"

Por Dante López Foresi

(Diario EL VIGÍA)- En la década de los 90, quienes hoy se autodenominan "periodistas independientes", ejercían el oficio con una comodidad palaciega. Cobraban las mismas fortunas que hoy. Basta con revisar el listado de personas y empresas que durante 2008 y 2009 giraron dinero a cuentas en el exterior, para encontrar a alguno de esos periodistas que contaban los billetes de a millones de pesos por año. Pero antes se sentían cómodos siendo críticos. Hoy son destructivos ¿Cuál es el motivo de semejante cambio?

Más de un desprevenido que hace la cola en un banco y lee los ya por todos conocidos "zócalos" en un televisor (antes era un término exclusivo de gente que trabaja en medios de comunicación) puede llegar a pensar que dichos profesionales son verdaderamente independientes, son las únicas voces que se alzan contra la "dictadura K" que pretende imponer una "Ley de Medios K" para construir una "Argentina K" donde sólo puedan vivir los "K", y quien no sea "K" tendrá que someterse a la "chavización" argentina, con un "Comunismo K" reinante, "expropiaciones K", "autoritarismo K" y todos los disvalores "K" inimaginables, que los monopolios muestran como mensaje cotidiano.

Pero todo tiene una explicación. No vamos a reiterar que existe una lucha de intereses, donde los medios monopólicos ya han perdidos fortunas y, en caso que la Corte Suprema otorgue plena vigencia a la democráticamente sancionada Ley de Medios (sin K) perderán muchísimo más cuando sean obligados a darle a la comunicación la horizontalidad y amplitud que la sociedad merece.

Nos concentraremos en las razones profundas de esos "periodistas independientes", que durante años hablaron del rol de la prensa en democracia, brindaron conferencias y cátedras especiales en prestigiosas universidades del país y del exterior y, sin embargo, hoy piden a los funcionarios que dejen sin trabajo a compañeros que hacen un programa en la Televisión Pública porque no les gusta lo que allí opinan en libertad ¿Cuál es la razón de tal metamorfosis? ¿Cómo puede un periodista de izquierda convertirse en los hechos en un político opositor, pero sin dejar de autoproclamarse como "periodista independiente"? ¿Existió realmente tal metamorfosis?. Mi respuesta es definitivamente NO. Intentaré explicarlo.

Dijimos que en la década del 90, ser periodista "de izquierda", "crítico", "contestatario", "valiente" o "independiente" era relativamente sencillo, pues el presidente se llamaba Carlos Menem. Y a la derecha de Menem sólo había una pared. Entonces, cualquier tirifilo (¿delaté mi edad?) que compraba un grabador en una casa de electrodomésticos, se autoproclamaba "periodista de investigación". Eran épocas en que no solamente estaban de moda los periodistas de investigación, sino que además había toda una cultura de esa rama del periodismo. Los periodistas se vestían, incluso, como periodistas de investigación: ambo negro, lentes de sol negros al estilo CQC y frases repetidas con aires "guevaristas" como "llegaremos hasta las últimas consecuencias en nuestra investigación", eran muy habituales en la prensa de los 90.

Justo es señalar que, sin embargo, existían periodistas de investigación brillantes, y programas que hicieron historia. Quizás el mejor programa de investigación fue "Telenoche Investiga", extrañamente levantado por las autoridades de Canal 13. Vaya paradoja. Pero la "independencia periodística" tenía un límite. Cuando Liliana López Foresi fue brutalmente censurada en 1991 en ese mismo canal, los valientes periodistas con nombres rutilantes que hoy se erigen como los "censurados de la dictadura K", mantuvieron un doloroso, persistente y detestable silencio cómplice. No sea cosa que una censurada de verdad les arruinara el negocio triple que el menemismo les permitía: ganar dinero, ser valientes y ser famosos, con nombres y apellidos que se convirtieron en marca registrada. Y de existir un censurado, debían ser ellos. Y jamás otros. Ellos eran los "valientes descubridores de la verdad y los garantes de la Justicia". Y Menem, mientras desguazaba el Estado, necesitaba mantenerlos entretenidos en su feria de vanidades.

Pero sucedió que en el año 2003, la prensa entera de nuestro país quedó completamente descolocada. Un presidente hizo sacar los cuadros de los dictadores del Comando en Jefe del Ejército, le pedía ayuda a la ciudadanía en cadena nacional denunciando que ciertas corporaciones lo presionaban, asumía una política de derechos humanos ejemplar y, para colmo, empezaba a lograr que el país sacara el cuerpo de la ciénaga donde nos habían enterrado los políticos "progresistas" de la Alianza (si..los mismos que hoy tienen bancas en el Congreso y pontifican desde medios monopólicos diciendo qué debemos hacer para ser un pueblo feliz).

A los periodistas nos habían enseñado que siempre debíamos ser críticos. Y que la peor descalificación que podía recibir un periodista era ser tildado como "oficialista". Eso nos emparentaba con basuras humanas (no sólo profesionales) como José Gómez Fuentes, que durante la guerra de Malvinas vociferaba un obsecuente "Vamos Ganando" para complacer el dictador de turno o los Fontevecchia y Ruiz Guiñazú, que escribían y hasta miraban a los ojos de los dictadores, condenando al unísono la "campaña antiargentina" que los militares denunciaban. No...debíamos ser opositores de cualquier modo. Jamás oficialistas. Pero...¿qué hacer cuando asume un presidente que nos gusta, que hace las cosas bien y que, encima, es adorado por el pueblo? Como decía un célebre afiche del "Gorila" (vaya otra paradoja) "cuando aprendimos todas las respuestas de la vida, nos cambiaron todas las preguntas".

El debate de conciencia fue inevitable. Pero no todos lo hicieron. Aquellos periodistas "marca registrada" que tan cómodos se sentían siendo creíbles, millonarios y famosos durante el menemismo, por el simple hecho de que el mismo Menem con su espantosa participación en la historia los colocaba a la izquierda del escenario, ahora tenían que decidir: o encontraban el modo de decir que eran oficialistas y eso no era un insulto ni una descalificación. O bien seguían con su vieja receta de ser "críticos" y acomodaban sus supuestos principios ideológicos a los cachets (ingresos contantes y sonantes) a los que no estaban dispuestos a renunciar. Y, obviamente, fueron perdiendo paulatinamente el protagonismo social que tanto los distinguía del resto de los mortales.

Ya no se vestían de negro. Los días nublados ya podían sacarse sus lentes oscuros. La sociedad estaba demasiado "entretenida" en resucitar, que ya no les prestaba atención. Pero al llegar 2008, las corporaciones económicas como los grandes terratenientes le hicieron frente a una mujer. Estos "periodistas independientes" recuperaban la excusa de la cual asirse para jugar el único juego que conocen: criticar y cuestionar. Y así, se hicieron sojeros.

Y, para colmo, aquella mujer les hizo el segundo "favor": envió una nueva ley que impidiera la conformación de monopolios mediáticos. ¡¡Se metió solita en la boca del lobo!! Los "periodistas independientes" recuperaron la oportunidad de ser "críticos". Y de tan entusiasmados, se pasaron la raya de cal, y se hicieron opositores, usando y tirando a cuando político no "K" se les cruzara en el camino.

Pero esta mujer insistió. La ley antimonopólica mediática se sancionó. Lanzó una asignación por hijo que devolvió a las aulas a un 25 por ciento más de chicos. Bajó la indigencia a niveles históricos. Mientras el planeta se caía a pedazos económicamente, con las recetas tradicionales del modelo que los argentinos conocemos a la perfección por lo dañino de sus entrañas, Argentina seguía mostrando niveles de crecimiento con un modelo exactamente opuesto. ¡¡Y "esta Yegua" promete seguir profundizando el modelo !!. Cuanto más la atacan los "periodistas profesionales" y las corporaciones que los usan, ella parece envalentonarse más. Y les quita presión a las provincias, desendeudándolas. Y ellos, los "independientes", los "terratenientes" y los políticos huérfanos de ideas, enloquecen. Y lo que es peor, disfrazan sus locuras de propuestas o de predicciones infernales. Descalifican. Agreden. Y ahora, invocando "a la libre expresión", hasta piden que se levanten programas de televisión con opinión, porque allí se muestran sus archivos vergonzantes.

Suben a escenarios bien vestidos y, con una estatuilla en la mano, piden "libertad" o, como dijo Eduardo Aliverti, "piden al escupidera". Son censurados por sus patrones privados, pero el sobre de fin de mes puede más. Mientras una generación de periodistas y artistas realmente prestigiosos que durante el menemismo no eran "estrellas", demuestran que la prensa puede ser oficialista sin perder credibilidad. Basta y sobra con tener convicciones, ideología y honestidad intelectual. Los otros...los "independientes", atacan sin piedad a esa mujer..."la yegua". Pero la abuela del cuento ni es yegua, ni se come al lobo. Y ellos, los "periodistas independientes", están asistiendo a la agonía del "lobo". Y a sus propias agonías.

Nunca tuvieron principios. Sólo posiciones cómodas y prestigios conseguidos por estar a la izquierda de la ultraderecha. Hoy quedaron visibles, expuestos, desenmascarados, descolocados. Patéticos.

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