Cristina...¿si o no?
Luego de ciertas críticas al artículo "No los aguanto más" (Puede leerlos en http://www.agenciaelvigia.com.ar/curriculo.htm )que como siempre las leímos con atención, es necesario profundizar el debate. Sirva este nuevo artículo como punto de partida entre los lectores de Agenci@ EL VIGÍA.

Por Dante López Foresi -(Publicado el 20 de Junio de 2008)

Gran parte de las expresiones en favor del campo se basan en críticas personales a Cristina, en el estilo K de gobernar, en dobles discursos o en reacciones ante apariciones públicas oficiales. Sentí la necesidad, siendo un periodista de los que creen que quienes se cobijan debajo de una supuesta "objetividad" en momentos cruciales no son más que temerosos y obedientes representantes de determinados intereses y no verdaderos profesionales, de explicar por qué considero que en este momento histórico el peor favor que podemos hacernos los argentinos es cuestionar destructivamente a la Presidente.

Los líderes o presidentes ocasionales no son relevantes por como son, como se visten, si son simpáticos o no o por sus actos, sino por los que representan. Repito esta idea...POR LO QUE REPRESENTAN.

Para terminar con el argumento descalificante de que nuestros males se deben a una supuesta falta de civilización e inmadurez de nuestra dirigencia, digamos que Berlusconi, Sarcozy, Sharon, Tatcher, Bush, Aznar o Putin no son precisamente ejemplos de estadistas y seres centrados y superados. Son emergentes de esas sociedades que nos llevan siglos de experiencia institucional. La mayoría de ellos no creo que supere intelectualmente ni como referentes ideológicos a Chávez, Fidel Castro, Ché Guevara, Salvador Allende o Perón, para poner solo algunos ejemplos.

Tampoco habla demasiado bien de esas sociedades desarrolladas el turismo sexual pedófilo, el crecimiento del narcotráfico, la tortura legalizada de Israel o la xenofobia institucionalizada. Son fenómenos no tan arraigados en la sociedad latinoamericana precisamente. Desestimemos las argumentaciones que nos colocan varios escalones por debajo de los países desarrollados. Nuestro proceso histórico actual posee las particularidades de nuestra identidad. Como siempre.

Dije que en mi opinión los liderazgos son relevantes por lo que representan, más que por las particularidades personales de los líderes. Para poner algunos ejemplos, nadie que razone con criterio "ruralista" en boga en estos días podría rescatar la figura de Fidel Castro -por ejemplo- ya que en lo objetivo fue un típico dictador latinoamericano, que impone desde las alturas y habla desde el escenario tratando al pueblo como infradotado (esa crítica se esgrime contra Cristina y Néstor). Pero REPRESENTA la liberación de los pueblos sometidos a manos de un enemigo común. Amamos a Fidel porque es odiado por nuestro enemigo. Así, nos encolumnamos los pueblos detrás de liderazgos. No importan las políticas coyunturales. Los mismos pueblos empujan a sus líderes en una dirección u otra según las circunstancias. Si no están a la altura debida, los pueblos se los devoran. Las vanguardias son solo expresiones grotescas de los genuinos liderazgos.

Hoy, existe un eje de presidentes sudamericanos que REPRESENTAN los intereses opuestos a los de nuestro enemigo de siempre. En esta etapa histórica no importa demasiado lo que coyunturalmente estos presidentes hagan o las decisiones que tomen en políticas sectoriales en cada uno de sus países. Son relevantes por lo que representan más que por lo que hacen. Si no hacen lo debido, serán puntillosamente devorados por la historia. Y de eso se trata mi acercamiento al gobierno más que al campo. No me importa si los Kirchner beneficiaron desde hace 5 años a los grandes productores monopólicos: me importa que se vieron empujados a dejar sentado desde el discurso que las retenciones sirven para distribuir el ingreso y enfrentar a las corporaciones. Y ahora deberán hacerlo. No me importa si acordaron una tregua con Clarín: me importa que para no ser devorados por la historia no les quedará más remedio que aprobar una ley de radiodifusión antimonopólica. Se me podrá decir que soy muy crédulo y que seguramente el gobierno acordará finalmente con los grandes grupos mediáticos. Es altamente posible. Pero al menos tendremos una nueva ley desde la cual resistir. No soy de los que esperan un presidente revolucionario para empezar a serlo. Sé de las limitaciones no ya de Cristina como se las observa permanentemente desde el campo y sus aliados de clase media y alta, sino de los pueblos latinoamericanos para llevar a cabo actos revolucionarios en la región. Y soy consciente de que la institucionalidad y la vigencia de la constitución implican en la actualidad un verdadero acto revolucionario.

Si de todo el proceso contemporáneo concluimos en tener una sociedad más respetuosa de la ley y más participativa, habremos dado un gran paso histórico. Lo ingenuo sería suponer que un presidente que no use carteras caras y aros con diamantes, mientras mantenga las formas civilizadas puede "llevarnos" a la civilización. Al menos esta presidente no simula pobreza. Ellos también son nuestros emergentes.

Y esa palabra es la clave de mi oposición a la protesta del campo: emergentes. Esos dirigentes de formación dudosa, la derecha patética de Cecilia Pando, la derecha peligrosa de Macri y la aún más peligrosa -en la práctica y esencia- de Carrió son emergentes de lo peor de la historia argentina. Se unen, como siempre lo hicieron, para desestabilizar NO a una presidente, sino a un proceso histórico inevitable, en pos de sus propios intereses electorales: el del crecimiento cualitativo de las sociedades latinoamericanas, el de los gobiernos que le dijeron NO al Alca, el de los juicios a represores de la dictadura y –sobre todo- combaten esta ola ideológica de intervencionismo estatal que está siendo exitosa y por ello aleja cada vez más el regreso del liberalismo que –sin embargo- sigue siendo la ideología dominante de las capas medias de los pueblos de Latinoamérica. Hasta un burgués consumado como Tabaré Vázquez no tuvo más remedio que imponer el control de precios. ¿Lo hizo por convicción o porque su pueblo lo empujó a ser más intervencionista? ¿No tiene nada que ver el entorno sudamericano y este momento histórico con esa decisión?

Y volviendo a los liderazgos y a mi idea de que los pueblos empujan los procesos históricos en un sentido u otro según a qué lideres sigan y a lo que estos líderes REPRESENTEN SIMBÓLICAMENTE, es harto evidente que en la actualidad argentina no tengo ninguna duda: si el liderazgo de un modelo lo encarnan Cristina y Néstor desde la politica, Madres y Abuelas desde las organizaciones sociales, Victor Heredia y Teresa Parodi desde el espectáculo o los medios independientes y alternativos desde la prensa (solo para poner algunos ejemplos) y en la vereda de enfrente tenemos a Carrió y Macri desde la política, Pando y Miguens desde las organizaciones sociales, Mirtha Legrand y Sofovich desde el espectáculo y Grondona Y Longobardi desde la prensa...pues NO TENGO LA MENOR DUDA DE DONDE DEBO ESTAR UBICADO.

Y si vamos al discurso, tampoco me quedan dudas de colocarme del lado de la distribución del ingreso y no del de la defensa de la renta extraordinaria de tipos que ganan fortunas mientras destruyen la tierra con la sojización. Y recuerdo que los que lideran la lucha por las economías regionales son los mismos que formaron parte gustosamente del Estado-Caja tan típico del liberalismo.

Podrá decirme que simplifico demasiado. Y es así deliberadamente. Creo que los procesos históricos más importantes se explican sencillamente. Podemos explicar la revolución cubana con absoluta simplicidad. ¿Por qué debemos ser complicados al explicarnos la actualidad argentina? La complejidad se las dejo a las vanguardias intelectuales, de las cuales jamás quise formar parte y que jamás formaron parte de ningún hecho histórico relevante. Los artículos periodísticos son disparadores de debates. No somos científicos de la prensa, sino comunicadores entre ciudadanos. Es a Usted a quien corresponde enriquecer el debate o no. Y devorar a no a sus líderes en cada elección.

Mi filosofía de vida me ordena tomar partido y no ser tibio cuando corresponde. Y creo que hoy, corresponde. Tengo y me reservo miles de críticas para los K. En lo personal no me cae demasiado bien Cristina desde mis épocas de cronista parlamentario. Pero jamás nadie dudó de su capacidad ¿Por qué hacerlo ahora? Néstor me parece simpático y es de Racing como yo. Pero ¿qué pensaría si forjara mis opiniones sobre esas bases endebles? Es justamente lo que están haciendo centenares de nuevos caceroleros y dirigentes opositores que intentan aprovechar la onda verde campestre.

No me hizo falta ser radical para no dormir 5 noches luchando desde un micrófono para sostener a Alfonsín cuando atentaron contra la democracia. Y si hay algo que mi origen, mi ideología, mi vida y mi instinto siempre me permitieron, fue detectar al golpismo. Esta protesta es claramente golpista. En todo sentido y en cada área. Es golpista desde lo económico. Desde lo mediático. Desde lo político y desde lo cultural. Si revisa, encontrará nombres y apellidos enemigos en cada una de esas áreas. Actúo ideológicamente independientemente de quién sea el presidente. Y la definición de golpismo es la desestabilización inducida para obtener réditos políticos y acceder al Poder. ¿Cree realmente que todos quiénes protestan lo hacen porque son sensibles a las manos ajadas de los campesinos?

Para sintetizar, creo que si bien no solo podemos, sino DEBEMOS cuestionar el estilo K de gobierno si es que este nos afecta o no nos complace, ya que precisamente eso es la base de un sistema democrático genuino, también pienso que cuestionar personalizadamente a Cristina y hacer bajar sus encuestas de imagen (sin contar los sondeos truchos o nunca probados que se hacen circular adrede) nos provoca en la actual coyuntura un daño como sociedad y como proceso latinoamericano que quizás pueda hacernos desaprovechar una oportunidad histórica única. Cristina no es una mujer que usa aros, sino una Presidente con un perfil ideológico que se lo debe considerar en el paisaje total sudamericano. Quiero criticar al gobierno de Cristina, pero no pienso en lo personal formar parte de esta intencionalidad manifiesta en horadar su poder emanado del voto popular.

Como siempre, quedan muchos "argumentos" por esgrimir. Habrá notado que no me importan mucho el precio de los alimentos a nivel internacional, la opinión de la prensa extranjera o las cosas en las cuales muchos críticos del gobierno se detienen pormenorizadamente. Tampoco miro encuestas para saber cuáles opiniones pueden ser simpáticas o antipáticas para mis lectores. La experiencia militante y de vida me indican qué lugar debo ocupar, y lo hago. Creo haberme equivocado solo un par de veces en la vida a la hora de votar o decidir una posición política. Y justamente esas veces traicioné a mi instinto y mi origen. Esta vez no pienso hacerlo.

Agenci@ EL VIGÍA