El Fileteador 

"Gardeleando definidos firuletes
Con colores de los genios inmortales
Dragoneaste tu pintura en los frentes
De carruajes empilchados...populares.

Julio C. Brittez. "Untroib".

El ensayista inglés Reyner Banham en su visita a Buenos Aires durante los años 60, quedó deslumbrado por los dragones, arabescos y gardeles que lucían los colectivos, los "Bus Pop", como luego los llamaría en un artículo publicado en Londres. "El colectivo vive mejores circunstancias en su jungla suburbana y los fileteadores también en su limbo cultural; este pop subterráneo es mucho más vital y gratificante que el institucionalizado e imitativo pop de la galería del Instituto Di Tella...".

En Holanda, Martiniano Arce fileteó un ómnibus al estilo de nuestros colectivos, y el resultado fue un verdadero éxito. El Museo del Hombre de París se interesa por el filete porteño y registra toda la documentación existente al respecto. En 1970, el pintor Nicolás Rubió y su esposa, la escultora Esther Barugel, luego de un minucioso trabajo, ampliaron el panorama del filete, al sacarlo de la exclusividad de los talleres de carrocerías y darle categoría artística. "La gran corriente inmigratoria buscó nuevas modalidades para expresar su sentir, y es por ello el filete una amalgama de influencias hispánicas (dragones, simetrías y escenarios), italianas (el origen mismo de este arte) y sajonas (letras góticas y diseños), así como Buenos Aires es una amalgama de cultura". 

Conocí personalmente a don León Untroib, maestro de fileteadores, en 1984. En la Biblioteca Municipal de Toulouse, Francia, se iba a realizar la exposición denominada "Le Tango de Carlos Gardel", y su organizadora Anne Marie Duffau, deseaba poder exhibir "un trabajo de esos muy coloridos, que se hacían para decorar y distinguir los carros y los camiones", y que ella consideraba, y bien, característicos de la ornamentación popular de Buenos Aires. Estaba pidiendo un filete. No tuve ninguna duda, debía ver al maestro Untroib. Fue así que después de haber hablado telefónicamente, llegué al 1900 de la calle Catamarca, entre Brasil y Pedro Echagüe, a metros del Instituto Bernasconi, en el barrio de Parque de los Patricios. En su casa - taller lo conocí personalmente, junto a su esposa Emilia. Luego de contarle el motivo de mi visita, León dijo: "Voy a hacer el filete y lo donaré para esa ciudad". En noviembre de 1984 la imagen de Gardel, con su sonrisa franca, acompañada por elegantes curvas y volutas, ocupaba un lugar de honor en la exposición. Los visitantes se fotografiaban a su lado.

Untroib nació el 25 de diciembre de 1911 en Ostrow, provincia de Wolyn, Polonia. Su padre se dedicaba a la decoración de arcones. Allí comenzó su aprendizaje. La familia decidió viajar a América, y en octubre de 1923 llegaban a Buenos Aires.
A los trece años su padre le confió la responsabilidad de dibujar unas azucenas en dos jardineras que eran utilizadas para el reparto de pan. "Lo hice tan bien que al año siguiente comencé a trabajar solo". León amaba su oficio y reconocía como precursores a Salvador Venturo y a Miguelito, su hijo; a Vicente Brunetti y sus hijos Enrique y Alfredo; a Pedro Unamuno; a Laureano Ferrer; a los hermanos Assante; a Alejandro Mentaberri; a Cecilio Pascarella; a Natero; a Ernesto Magiori; a Federico González Irigoyen, y a Carlos Carboni.

León nos contaba que el corralón que había en Los Patos entre Colonia y Luna, era como una verdadera exposición de carros fileteados, especialmente de lecheros, como el de don Diéguez, quien lo paraba orgullosamente en la puerta de su casa, en Uspallata y Colonia antes de iniciar el reparto.
Untroib trabajó muchos años pintando carrocerías y cajas de camiones en el taller "La Véneta", y sus fileteados siempre lograron aquello que consideraba lo más difícil: la unidad. Eran los tiempos de oro del filete.

"T.B.C. y T.D.G.", "Gracias a los viejos", "Anda que te cure Hortensia que Lola está de licencia", "Nena que curvas y yo sin freno", o "El Morocho del Abasto" eran algunas de las inscripciones, generalmente en letra gótica, que acompañaban a los sutiles delineados, a las banderas, las sirenas, los dragones, las flores de cinco pétalos, o las imágenes encerradas en círculos de Gardel, San Martín o la Virgen de Luján.

Entre las obras de Untroib no aplicadas a vehículos destacamos la puerta de la legendaria "Corrientes 348"; la placa boquense ubicada en Suárez y Necochea, esquina mítica del tango, y el mural de la estación "Carlos Gardel" de la línea B de subterráneos.

En 1975 la Secretaría de Transportes de la Nación prohibió expresamente el fileteado en los colectivos, considerando a esta ornamentación como excesiva y caótica. Esta prohibición, que todavía está vigente, impulsó al filete "de caballete".
Untroib vendía tablas en su famoso puesto de la Plaza Dorrego; Carboni fileteaba camioncitos de juguete, y Martiniano Arce los llevaba a la tela, como en aquella serie de Gardeles realizada con el pintor Aldo Severi.

La bondad y la calidad humana de Untroib se reflejaban en su mirada, en cada uno de sus gestos y en sus palabras, como cuando destacaba, encendido, la obra de cada uno de los colegas que mantienen vivo al filete, como Luis Zorz, Ricardo F. Gómez, Enrique y Martiniano Arce, Juan Carlos y Roberto Bernasconi, Andrés Vogliotti, Armando Miotti, Alfredo Martínez y Jorge Muscia. 

En noviembre de 1994 el refugio de la calle Catamarca quedó en silencio. El olor de las lacas todavía impregnaban el ambiente. En la oscuridad de la noche surgió inesperadamente una música como aquella que lo acompañaba siempre, y las sirenas con los dragones y las flores con los pinceles por él fabricados bailaron una última danza en su homenaje. Don León había fallecido.

Fuente: http://www.dgpatrimonio.buenosaires.gov.ar/display.php?page=izq_inta/patrim_oficio.htm#3