Los Primeros Sudamericanos

GUADALUPE HENESTROSA
Revista "Nueva", Año VI, Número 314, 20/7/1997

DEALASKAALAPATAGONIA

Varios yacimientos arqueológicos del sur argentino están aportando datos sobre el poblamiento de América: parece que el hombre comenzó a deambular por estas tierras mucho antes de lo que se pensaba.

Casi todos coinciden: vinieron del Norte, en una caminata que atravesó varios milenios y cientos de generaciones. Poco a poco se desperdigaron por este continente despoblado de gente, pero rico en caza, bosques, selvas, llanuras como mares y playas infinitas, y se diversificaron en un rosario de pueblos.

Las discusiones empiezan con la fecha: los más de trece mil años de antigüedad que acusan algunos asentamientos humanos en el sur de la Argentina y Chile retroceden en muchos milenios la entrada de los primeros hombres en el territorio americano desde las heladas tundras siberianas a través del puente de tierra que por entonces unía los dos continentes. Según las nuevas hipótesis -apoyadas por descubrimientos arqueológicos patagónicos que desbaratan las viejas teorías sobre el poblamiento americano-, el género humano habría puesto pie en América hace bastante más de veinte mil años.

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En Piedra Museo, en medio de la meseta patagónica y al sur de los bosques petrificados de Santa Cruz, un equipo de arqueólogos de la Facultad de Ciencias Naturales de La Plata encabezado por la doctora Laura Miorti está sacando a la luz el fragmento más viejo de la historia argentina. Allí, hace trece mil años, hubo un asentamiento humano: sus ocupantes dejaron atrás los huesos de los animales que cazaban, cenizas de viejas fogatas, flechas y otros instrumentos de piedra. Su antigüedad -fue datada por el método de Carbono 14. El yacimiento de Piedra Museo -donde también se encontraron pinturas rupestres- es el último hallazgo de una región rica en restos de asentamientos arqueológicos relacionados. Hasta su descubrimiento, el sitio más antiguo de la Argentina era el de Los Toldos, ubicado unos cien kilómetros al norte de Piedra Museo, con una datación de poco más de doce mil años.

¿Cómo era la vida de este grupo de gente que enfrentó los rigores de la meseta patagónica hace tantos miles de años? Habían encontrado un lugar bastante agradable: varias cuevas habitables al reparo del viento implacable que barría -y barre- la región, un manantial y una lagunita que atraía buenas piezas de caza. Además, muy cerca se halló una cantera de pedernal de donde extraerían el material para fabricar sus armas y herramientas de piedra.

Estos primeros argentinos eran cazadores-recolectores nómadas que seguían a las abundantes manadas de mamíferos que recorrían la Patagonia a finales del Pleistoceno. "Nuestra interpretación es que Piedra Museo era un buen lugar para que las partidas de caza acamparan a acechar y faenar sus presas -explica la doctora Miotti-. El campamento multifamiliar puede estar en las cercanías, pero todavía no lo hemos localizado." Entre sus piezas de caza se cuentan muchas especies hoy extinguidas, como el Mylondon -perezoso gigante- y el Hyppidion -equino sudamericano desaparecido hace diez mil años-. Además, por supuesto, atrapaban guanacos, llamas y ñandúes.

Las herramientas de piedra merecen una mención aparte. Entre los hallazgos más significativos de este yacimiento se encuentra un fragmento de punta de flecha tipo "cola de pez", datada en diez mil quinientos años, que denota una tecnología bastante avanzada. En otros yacimientos arqueológicos sudamericanos, como cerro La China (cerca de Tandil, provincia de Buenos Aires) o la laguna de Taguatagua (Chile) también se han encontrado puntas de flecha similares de más de once mil años de antigüedad.

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Del otro lado de la cordillera, en Chile, otro yacimiento llamó la atención de los arqueólogos. En 1976, en Monte Verde, cerca de Puerto Montt, unos leñadores que hacían una picada en medio de una zona se toparon con unos huesos enormes y restos de ma&ra. El sitio demostró ser un yacimiento arqueológico excepcional, milagrosamente conservado por el pantano, con una datación segura de más de doce mil años. Y los investigadores afirman que en los niveles inferiores hay evidencias de poblamiento humano de hasta veinte mil años de antigüedad.

A lo largo de dos décadas de trabajo, los arqueólogos descubrieron una serie de evidencias más que interesantes que todavía despiertan controversias. Sus interpretaciones sugieren que allí se levantaba una estructura parecida a una tienda de campaña de veinte metros de largo y que podría albergar a más de veinte personas, con divisiones intemas que determinaban habitaciones individuales. El armazón de madera sostendría a las paredes fabricadas con cueros de mastodontes y llamas. Posiblemente el suelo estuviera cubierto por pieles.

Afuera habría varios fogones comunales y un sitio especialmente dedicado a la faena de animales. La dieta de los habitantes de Monte Verde era extremadamente variada: además de carne de mastodontes y llamas, comían moluscos y una gran variedad de vegetales (en particular, se halló una amplia diversidad de papas silvestres). Hacían excursiones hasta la costa a más de cien kilómetros de distancia- en busca de algas, sal y guijarros. También se encontraron restos de veintitrés plantas medicinales, entre ellas boldo, natri, licopodio. Los científicos sostienen que en ese lugar se habrían practicado curaciones y que la gente acudía allí para sanarse.

Pero quizás el rastro más conmovedor del yacimiento sean las huellas de un adolescente que hace doce mil años caminó cerca de los fogones: la forma de su pie quedó para siempre marcada en la arcilla del piso endurecida por el fuego y llegó hasta nosotros como un testimonio de aquellos pasos tempranos del hombre por estas latitudes.

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Estos yacimientos patagónicos -más otros que indican la presencia humana en Tierra del Fuego hace once mil años- señalan que el hombre ha sentado sus reales en el confín austral del continente americano hace por lo menos trece mil años.

Estos datos no concuerdan con la hipótesis "oficial" del poblamiento de América elaborada por científicos norteamericanos: según sus ideas, los primeros habitantes del continente fueron un pueblo denominado clovis -por el nombre de uno de los principales yacimientos arqueológicosque se extendió por las llanuras de los Estados Unidos hace poco más de once mil años. Ese pueblo se caracterizaba por fabricar puntas de flecha de tallado bifacial -en las dos caras- con una acanaladura central en la base para facilitar la fijación.

El pueblo -o los pueblos- clovis habría entrado hace unos dieciséis mil años por el puente de tierra que se formó en el estrecho de Bering por el descenso del nivel de los mares a causa de la glaciación. Pero por ese entonces los hielos ocupaban los actuales territorios de Canadá y de los Estados Unidos: los clovis tuvieron que esperar unos cuantos milenios para seguir su viaje hacia el centro de América del Norte.

Los hallazgos sudamericanos desafían esta hipótesis. Las puntas de flecha "cola de pez" encontradas en Piedra Museo y en otros yacimientos sudamericanos se parecen bastante a las puntas de flecha clovis y derivarían tecnológicamente de ellas. Pero si esto fuera verdad, ¿cómo llegaron los fabricantes de estas flechas al sur de la Patagonia más de mil años antes de que los clovis, reputados como los primeros habitantes de América, tallaran las suyas en las planicies norteamericanas? Hay un claro desfase de fechas, y los especialistas calculan que un derrotero semejante -desde un extremo al otro del continente- lleva muchas generaciones, con sucesivos asentamientos y lentos movimientos de poblaciones.

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Un importante grupo de arqueólogos norteamericanos defiende la "hipótesis clovis", según la cual el poblamiento de nuestro continente se produjo en tres olas migratorias: de la primera, representada por el pueblo clovis, descendería la gran mayoría de los pueblos americanos. Por eso no cayeron muy bien las novedades de los yacimientos sudamericanos, ya que hacen tambalear su teoría e indican que los elovis no fueron el primer pueblo, sino que los primeros americanos habrían llegado mucho antes. Por eso los más recalcitrantes rechazan cualquier dato que demuestre la presencia humana en el sur del continente en fechas tan tempranas y aseguran que esos yacimientos están mal datados, que las fechas no son confiables, que hubo contaminación con niveles más recientes. En el mejor de los casos, las investigaciones sudamericanas generan un fuerte escepticismo. El mismo tratamiento reciben los datos provenientes de yacimientos norteamericanos que demuestran la presencia humana por esos lares hace más de veinte mil años, mucho antes de que los clovis asomaran la nariz.

"En los últimos diez años hubo una gran producción de datos arqueológicos sobre el poblamiento temprano de Sudamérica que han generado un gran interés internacional -explica la doctora Miotti-. Creo que se debería elaborar una nueva hipótesis del poblamiento de América que incluya toda la información proveniente de Sudamérica."

Pero no es tarea sencilla. Además de los yacimientos patagónicos, otros hallazgos aún más sorprendentes -la mayoría provenientes de Brasil- contribuyen a complicar el rompecabezas arqueológico. Uno de ellos es el yacimiento de Piedra Furada, en el estado nordestino de Piauí: investigado por un grupo de arqueólogos franceses, acusaría una antigüedad de más de cuarenta mil años. Claro que estas fechas no son seguras y hay mucha discusión al respecto.

Hace poco, otro hallazgo volvió a patear el tablero. Se trata de un grupo de enterramientos en Lagoa Santa, en el estado de Minas Gerais. Los dientes de esta gente relatan una historia sorprendente: sus molares y premolares son muy diferentes a los de los indios americanos actuales y los emparentan directamente con un grupo que vivió en Asia hace setenta mil años y que es el antepasado de los pueblos clovis. Entonces, ¿América recibió la visita de seres humanos decenas de miles de años antes de lo que se pensaba?

Otros campos de investigación aportan más datos a esta polémica. Los estudios de las lenguas indígenas americanas y de los genes de los distintos pueblos muestran una enorme variedad y un amplio abanico de diferenciación, lo que indicaría que hubo varias olas migratorias -por lo menos cuatro-, algunas de ellas decididamente "preclovis".

Aunque todavía faltan mucho trabajo y mucha discusión, parece evidente -mal que les pese a los defensores de la hipótesis anterior- que los primeros visitantes no fueron los cazadores Clovis, llegados hace poco más de diez mil años. Los primitivos americanos debieron haber arribado mucho antes, en un momento todavía indeterminado, pero con seguridad hace bastante más de veinte mil años. Y, quienes quieran que hayan sido, en ese entonces emprendieron su larguísimo viaje de un confín al otro del continente, desparramándose desde los hielos de Alaska hasta los glaciares patagónicos.

Fuente: http://ar.geocities.com/argentinamisteriosa/primeros.htm 

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