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Historia de las Madres de Plaza de Mayo

Conferencia pronunciada el 6 de julio de 1988 por Hebe de Bonafini, presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.

 

 

Espero que a partir de esta charla nos conozcan más, que les resulte realmente a todos interesante. Es la primera vez que las Madres participamos en un Seminario. Es la primera vez que escribo algunos ítems para hablar, para contarles esta historia. Lo charlamos con todas las Madres, porque ustedes se imaginan que 11 años de lucha tan intensa no es fácil de resumir en dos horas, o en una hora de charla y una hora de debate. Lo conversamos entre todas, y entre todas resolvimos, o pensamos, qué cosas podían ser para ustedes, para los que vienen hoy aquí y para los que lo van a leer, las más interesantes.
 
Como ustedes saben, las desapariciones comenzaron en el '74 y en el '75 con las AAA; nosotros tenemos algo así como 600 casos de esa época. Y en el '76, cuando se instala la dictadura, comienzan a ser tremendamente mayores, y ya las madres de estos desaparecidos -de los primeros- habían comenzado a moverse: Ministerio del Interior, Policía, la Iglesia -por supuesto-, partidos políticos, o algunos políticos a los que se los iba a ver. Había algunos organismos: la Liga que es un organismo que tiene muchísimos años; la Asamblea, que se había formado en el '76 o '75; Familiares, a los que también acudían las Madres. Cuando la Dictadura se instala -como dije antes- en el '76, había desgraciadamente más madres, porque había más desaparecidos; y nosotras golpeábamos, todas, las mismas puertas. Todos ustedes saben que ahí nos conocimos; algunas en el Ministerio del Interior, algunas en la Policía, algunas en la calle, algunas en la desesperación de ir a la cárcel a ver si estaban ahí. Y a la Iglesia.
 
Y un día, estando en la iglesia, en la iglesia de los asesinos, en la iglesia Stella Maris, que es la iglesia de la Marina, donde íbamos a ver a Gracelli, Azucena (Villaflor de Vincenti) dijo que ya basta, que no se podía más estar ahí, que ya no conseguíamos nada, que por qué no íbamos a la Plaza y hacíamos una carta para pedir audiencia, y que nos dijeran qué había pasado con nuestros hijos.
 
Y así fuimos por primera vez un sábado. Nos dimos cuenta que no nos veía nadie, que no tenía ningún sentido. Era un 30 de abril. Decidimos volver a la otra semana un viernes. Y a la otra semana decidimos ir el jueves.
Mucha gente se pregunta por qué habiendo otros organismos las madres fuimos a la Plaza, y por qué nos sentimos tan bien en la Plaza. Y esto es una cosa que la pensamos ahora, no la pensamos ese día; y cuánto más hablo con otra gente que sabe más que nosotros, más nos damos cuenta por qué se crearon las Madres. Y nos creamos porque en los otros organismos no nos sentíamos bien cerca; había siempre un escritorio de por medio, había siempre una cosa más burocrática. Y en la Plaza éramos todas iguales. Ese "¿qué te pasó?", "¿cómo fue?". Eramos una igual a la otra; a todas nos habían llevado los hijos, a todas nos pasaba lo mismo, habíamos ido a los mismos lugares. Y era como que no había ningún tipo de diferencia ni ningún tipo de distanciamiento. Por eso es que nos sentíamos bien. Por eso es que la Plaza agrupó. Por eso es que la Plaza consolidó.
Cuando nos dimos cuenta que íbamos avisándonos unas a las otras que los jueves a las tres y media nos reuníamos en esa Plaza, en un banco, no caminábamos, no marchábamos. Algunas íbamos un rato antes, las que vivíamos más lejos, porque ese sentirnos bien... Ustedes saben que en esa época éramos despreciadas, las familias nuestras pasaron a ser las familias de los "terroristas", se nos cerraban las puertas, así que era poca la gente con la que una podía conversar. Pero con las madres éramos todas iguales, nos pasaba lo mismo, veíamos la misma gente.
Y esto que fuimos descubriendo a partir de conversar con tanta gente, nos muestra ahora cómo ese sentirnos igual es tan importante. Sentirse igual.
 
El tema de cómo fuimos creciendo. Tomamos la decisión de que algunas madres fueran al Departamento de Policía, otras al Ministerio del Interior, otras casa por casa, a convocar a que las madres vinieran a la Plaza. Era muy difícil ir al Departamento de Policía y sentarse, cuando una veía una madre que lloraba o que estaba muy mal, convocarla, pero se hacía. Ir casa por casa también era una cosa muy difícil, porque ese casa por casa implicaba que a una la siguieran con un auto, o que llamaran a la policía a ver quién era esa mujer que venía a preguntar si había un desaparecido, o que simplemente no le abrieran las puertas, o que sintiera una madre que era otra madre la que la convocaba y nos recibiera bien. De cinco casas, tres seguro no nos abrían o no nos atendían o nos desconfiaban, pero habla dos que sí recibían nuestro mensaje. En un principio les decíamos qué nos parecía que había que hacer, a quién había que ver. Y así fue creciendo la Plaza.
Esos primeros encuentros también generaron las primeras acciones, que fueron absolutamente impensadas, espontáneas. La primera acción fue entregar la carta. Comunicarnos entre nosotras. Cuando la policía vio que éramos muchas, que éramos 60 o 70, en esos medios bancos que hay en la Plaza, dijo "bueno, acá no se puede, hay estado de sitio, no pueden estar acá sentadas, esto ya es una reunión, marchen, caminen", y empezó a golpear con las manos y con los palos... y la policía nos hizo caminar, nosotras no pensábamos marchar.
Quiero decirles que a nosotras no nos gusta que le llamen ronda a lo que hacemos. Y yo le explicaba a unos compañeros que están por hacer un libro por qué no le queremos decir ronda y le decimos marcha. Porque la ronda es rondar sobre lo mismo, pero marchar es marchar hacia algo. Y las Madres creemos que, aunque sea en círculo, estamos marchando hacia algo.
 
En estas primeras acciones, ese caminar, también tomándonos del brazo, aferrándonos las unas a las otras, contándonos, también fuimos solidificando nuestro pensamiento y creciendo y tomando conciencia. El tema, primero, fue que nos pedían que nos fuéramos, una vez que no salíamos de la Plaza, porque ellos querían sacarnos y nosotras no, insistimos con dar vuelta alrededor de la Pirámide; entonces un día vinieron y le pidieron el documento a una madre, y la madre se lo dio. Y ya esa madre quedaba bastante asustada porque nosotras creíamos -todavía muy ingenuas que no sabían ellos quienes éramos nosotras, entonces el que ya supieran el nombre asustaba. Otro día, otra vez. Y un tercer día, un tercer jueves, cuando le piden el documento a una decidimos dárselos todas el documento; claro, el "cana" con 300 documentos (que ya casi éramos) qué iba a hacer, no le servían para nada. Y sirvió para que, en vez de estar muy pocos minutos en la Plaza -como estábamos en ese tiempo- nos quedáramos muchísimo rato, hasta que nos dio el documento una por una de vuelta, nos identificó... Realmente fue una acción, para nosotras, primero, de unidad, de mucha unidad (porque todas o ninguna), y después también parar a la "cana" para que no nos pidiera más documentos, porque la "cana" dijo si ahora en vez de dárnoslo una nos lo dan todas ya no nos sirve más, porque era una acción intimidatoria.

También hicimos acciones cuando venían personajes, como los norteamericanos -Terence Todman, Cyrus Vance. Las Madres hicimos acciones muy fuertes en ese momento, cuando nadie salía a la calle. Cuando vino Terence Todman nosotras fuimos a la Plaza -esta es una cosa que la hemos contado muchas veces, tal vez todos lo sepan; Videla mandó un emisario (no usábamos pañuelo todavía, agitábamos un pañuelo y les decíamos que teníamos los hijos desaparecidos, no había otra cosa que pudiéramos hacer, pero igual le molestábamos al gobierno, a la dictadura), un emisario que mandaba la dictadura para que nos fuéramos, y que si nos íbamos Videla nos iba a atender. Claro, eso ocasionaba que algunas madres dijeran "mejor que nos vayamos y nos atienda Videla"; y otras decíamos "no, igual no nos van a atender". Y nos quedamos agarradas entre nosotras, agarradas a una columna. Entonces mandaron milicos como para la guerra, armados, con cascos, para que nos fuéramos. Y les dijimos que no nos íbamos a ir. Entonces ellos pidieron que apunten, y cuando dijeron "apunten" nosotras les gritamos "fuego". Y ese gritarles "fuego" hizo que todos los periodistas que estaban para verlo a él -a Terence Todman- vinieran a ver quiénes eran esas mujeres -que no éramos más de 300 que habían hecho esa acción tan fuerte que sirvió para que saliéramos ya en muchos Periódicos. Cuando vino Cyrus Vance fuimos a la Plaza San Martín, cuando ponían la ofrenda floral, y también gritamos y pedimos por nuestros desaparecidos, y también hicimos que la prensa se interesara. Y de ahí hay una foto, que ha dado la vuelta al mundo, donde las Madres estamos gritando y pidiendo por nuestros desaparecidos. Dio la vuelta al mundo, pero no dio la vuelta al país, porque en el país no salió, no salió absolutamente nada, y muy poca gente se enteró.
En todas estas cuestiones, en todas estas demostraciones, en todos estos actos, las Madres todavía no usábamos el pañuelo, y nos comunicábamos solamente los jueves en la Plaza, y en alguna pequeña reunión que hacíamos en un bar o a veces en el atrio de una iglesia.
 
Cuando llega el mes de octubre entre los organismos que estábamos funcionando se prepara una marcha. Los primeros días de octubre también la Iglesia preparaba su marcha a Luján con un millón de jóvenes. Y las Madres decidimos ir a las dos marchas: a la de los organismos, que era para el Día de la Madre, y a la de los primeros días de octubre, que hacía la Iglesia. Pero no sabíamos cómo identificarnos, todas no podíamos caminar tantos kilómetros, entonces cómo nos íbamos a identificar; unas iban a ir desde Luján, las otras iban a entrar en Castelar, otras en Moreno, otras en Rodríguez. Entonces empezamos a ver cómo nos identificaríamos, y una dijo "vamos a ponernos un pañuelo". "¿Un pañuelo..., y de qué color?, porque tiene que ser del mismo color". "Y bueno, blanco". "Y, che, y si nos ponemos un pañal de nuestros hijos" (que todas tengamos esa cosa de recuerdo, que una guarda). Y, bueno, el primer día, en esa marcha a Luján, usamos el pañuelo blanco que no era otra cosa, nada más ni nada menos, que un pañal de nuestros hijos. Y así nos encontramos, porque ese pañuelo blanco nos identificaba. En el tiempo en que llegamos a Luján nos dimos cuenta que mucha gente se acordó, después de algunos días, que esas mujeres de pañuelo blanco habían sido capaces, alrededor de la plaza de Luján, de gritar y pedir -rezando, por supuesto- por los desaparecidos. O sea que todo el mundo que estuvo esa vez en Luján se enteró que había desaparecidos en el país y que las Madres, rezando, pedíamos por ellos. Fuimos luego a la marcha que hicieron los organismos, donde 300 de nosotros (gente de los organismos) fuimos presos, nos emboscaron en una calle y nos metieron en los colectivos y nos llevaron a la cárcel, a la comisaría. Y bueno, fuimos todos los organismos, entre los que llevaron presos se equivocaron y llevaron también a algunos periodistas extranjeros y a las monjas -casualmente-, y esto hizo que el mundo inmediatamente se enterara de lo que pasaba. Pero nosotras en la comisaría tampoco nos quedábamos quietas. A medida que nos identificaban y nos preguntaban quiénes éramos y nos mandaban a un lugar, decidimos rezar también en ese lugar. Pero rezábamos pidiendo para que no fueran tan asesinos los de esa comisaría, para que no torturara el comisario; o sea que mientras tanto aprovechábamos el rezo para decirles asesinos y torturadores a los que teníamos ahí adelante. Y era una acción muy fuerte, muy fuerte, pero como era dentro del rezo, del Ave María y del Padre Nuestro, como hay tanto respeto, y los milicos se la pasan haciéndose la señal de la cruz cuando entran y salen de las comisarías, no podían decimos nada, porque entre Padre Nuestro y Ave María los acusábamos de asesinos.
 
Llegó la época de las solicitadas. Hicimos una solicitada junto con Familiares. Y luego una solicitada de las Madres, para la que trabajamos muy intensamente, juntando pesito por pesito, buscando los nombres... Y el 8 de diciembre, en la Iglesia Santa Cruz, cuando estábamos recogiendo dinero para esa solicitada, Astiz -que ya se había infiltrado entre nosotras, que entre agosto y septiembre había comenzado a ir a la Plaza diciéndonos que tenía un hermano desaparecido y dándonos el nombre y haciendo un hábeas corpus por él- provoca, señalando a nuestras compañeras, el secuestro de los familiares, de las monjas, y de dos de nuestras Madres -Mary Ponce y Esther Balestrino de Cariada-en la Iglesia Santa Cruz. Se hace ese terrible secuestro, ese terrible operativo. Y, al otro día, cuando nos encontramos nuevamente con Azucena y con las otras, que todavía no habían secuestrado, estábamos todas muy mal, muy terriblemente desesperadas, era una cosa muy tremenda, era un secuestro a nosotras mismas; era ponernos un alerta rojo muy tremendo. Pensábamos, yo decía "pero no sigamos con la solicitada, Azucena, no porque... cómo... busquemos a los que faltan". Ella me decía "mirá, ya hay gente que está haciendo hábeas corpus y cosas; los que faltan, faltan por hacer esta solicitada; los que secuestraron, los secuestraron por esta solicitada; nosotras no la podemos parar, la tenemos que seguir". Y así seguimos con la solicitada. Cuando la llevamos a La Nación, ingenuamente, la llevamos escrita a mano y no por orden alfabético. Y en La Nación dijeron "señoras, escrita a mano... así no se puede hacer, esto hay que hacerlo a máquina". No teníamos oficina, no teníamos máquina de escribir, por supuesto, no teníamos lugar para hacerla, pero conseguimos algunos empleados de un Ministerio que nos ofrecieron -si nosotras entreteníamos a dos jefes- pasar a máquina la solicitada muy rápidamente. Y así lo hicimos. Dos de nosotras entretuvimos a los jefes, y los empleados nos pasaron la solicitada. Y llevamos la solicitada a La Nación. Y salió la solicitada en La Nación. En ese día secuestraron a otra de las monjas. Y al otro día, el 10 de diciembre, en la mañana, cuando Azucena va a comprar el diario de esa solicitada que ella había gestado y que había sido tan firme para decir "no, hay que seguir haciéndola", cuando va a buscar ese diario la secuestran en la esquina de su casa. Fue terrible, un golpe durísimo para nosotras. Era muy difícil pensar cómo íbamos a hacer para seguir. Era casi imposible, porque en esos días también habían secuestrado más jóvenes, más hijos nuestros, los que teníamos un desaparecido ahora teníamos dos, y algunas tres, y también a las madres, y a los familiares, y a las monjas. Pero nos habíamos dado cuenta que Azucena nos había enseñado un camino. Que en la Plaza nos sentíamos una igual a la otra, porque éramos iguales, porque nos pasaba lo mismo, porque el enemigo estaba siempre en el mismo lugar y estaba cada vez más duro, porque el enemigo nos había mandado secuestrar.
 
Entonces resolvimos seguir en la Plaza. No fue fácil volver al otro jueves a la Plaza. No fue fácil retomar otra vez la tarea de volver a convocar a esas madres que tenían miedo de volver. De volver a insistir que la Plaza era lo único, cuando muchos decían que no había que ir a la Plaza, que éramos locas, que ea un peligro, que no se fuera, porque realmente a qué íbamos a la Plaza. Pero, como les dije antes, era realmente un lugar donde nosotras nos comprendíamos y sentíamos ese encuentro que, sin damos cuenta, sentíamos con nuestros hijos. Todavía con toda la ilusión de encontrarlos, con toda la ingenuidad de que la Dictadura tal vez no fuera tan feroz -porque uno no creía que pudiera ser tanta la ferocidad, que la tortura fuera tan terrible. Yo creo que muy pocas de nosotras nos dábamos cuenta del horror de lo que estaba pasando, definitivamente. Todas teníamos esperanzas: los van a poner en la cárcel, los vamos a encontrar, en la comisaría, o en la cárcel, o en el ejército. Y cada día, cada acción que hacíamos, porque además de lo que hacíamos en la Plaza también hacíamos acciones personales: ir a los lugares de detención, a los campos de concentración. ¡Los campos de concentración no los encontró la CONADEP! Para nada. Los encontramos las madres que nos íbamos a parar en la puerta en la época en que estaban llenos de desaparecidos. ¡No fue Sábato a buscarlos ahí! Ahí fuimos nosotras; Sábato fue cuando estaban vacíos. Nosotras íbamos cuando estaban nuestros hijos.

 

Y viene la época del Mundial, en 1978. Ese horror que para nosotras era el Mundial y que a mucha gente los ponía contentos. Se provocaban más secuestros. Se acentuaba la represión,. Se acentuaba en la Plaza. Nos llevaban presas a cada rato. Nos golpeaban. Ponían perros en la Plaza. Nosotras llevábamos un diario enroscado para cuando nos echaban los perros. Nos tiraban gases. Habíamos aprendido a llevar bicarbonato y una botellita de agua. Para poder resistir en la Plaza. Todo esto lo aprendimos ahí, en esa Plaza. Mujeres grandes, que nunca habíamos salido de la cocina, habíamos aprendido lo que habían hecho tantos jóvenes antes. Luchar por ese pedacito de Plaza, luchar por ese pedacito de cielo que significaba nada más y nada menos que esto que tenemos hoy. Y el Mundial también fue muy terrible para nosotras. Fue muy terrible porque en el Mundial se tapó, o se quiso tapar, todo lo que estaba pasando. Quiero decirles que en 1977, cuando ya se proponía lo del Mundial, a fines de año, para el mes de noviembre, Monseñor Plaza decide hacer una "noche heroica" en La Plata para demostrar que no pasaba nada y que el Mundial iba a ser una cosa hermosa y que en La Plata no pasaba nada. Y decide hacer una "noche heroica" con todos los estudiantes de las escuelas cató1icas. Que fueran convergiendo de las distintas diagonales hacia la Plaza Moreno. Y nosotras decidimos ir. Las Madres nos pusimos con el Colegio Marista. Y ahí ya usamos el pañuelo, porque había pasado la primera vez que nos lo habíamos puesto, porque en la Plaza no lo usamos tampoco enseguida, ése era un acto importante. Cuando la policía nos vio nos empezó a seguir pero ¿ como estábamos mezcladas con los maristas, los maristas estaban tan asustados que no les salían ni la palabras. Cuando vimos que la policía, cuando nos arrimábamos a la Plaza Moreno, nos empezó a rodear para aislamos del grupo, empezamos a rezar. Y como le tienen tanto miedo a Dios, nos dejaron que rezáramos. Y rezábamos Padres Nuestros y Aves Marías y Rosarios, uno atrás del otro, hasta que llegamos a la puerta de la Catedral. Y seguimos rezando con mucha fuerza en la puerta de la Catedral para poder entrar a la Catedral. Y nos instalamos en la Catedral y los jóvenes que estaban afuera vinieron a ver quiénes éramos, porque ellos no sabían. Y les empezamos a contar. Se había organizado que a las 12 de la noche iba a haber un gran acto en la Plaza de guitarreada y empanadas y festividad para ese Mundial y porque en La Plata no pasaba nada, y un grupo grande de jóvenes, que estudiaban en esas escuelas católicas, le fueron a decir a Plaza que ellos no iban a guitarrear, que no iban a cantar, que no iban a comer empanadas, porque mientras había tanto dolor adentro de la Catedral ellos no iban a cantar afuera. Y cada uno se fue a su casa, las únicas que no nos fuimos nosotras. Nos quedamos solas toda la noche en la Catedral, porque los jóvenes se fueron, se fueron porque no querían cantar ni querían comer ni querían guitarrear. Esto a Plaza le costó que lo llamara Saint Jean y Sasiaín y le preguntaran: qué había pasado, cómo esas mujeres habían roto ese acto que ellos habían preparado. Y ahí también nosotras hicimos algo muy fuerte y muy duro que fue insultarlo a Monseñor Plaza dentro de la Catedral. Insultarlo porque no pidió por los desaparecidos en la misa que se hizo a las 5 de la mañana con los jóvenes que vinieron a la misa para acompañamos a nosotras. O sea que hacíamos cosas muy terribles y muy duras y nadie se enteraba, más que los que estaban ahí en ese pedacito; pero que eran multiplicadores (esos jóvenes) después al ir contando en sus casas.
En el Mundial, como les digo, la represión se hizo tan fuerte que decidimos ir a las iglesias a encontramos para ver qué cosas íbamos a seguir haciendo. Y cuando nos reprimían en la Plaza, sabíamos que podíamos ir a tal o cual iglesia. Tanta fue la represión, en un momento, que hicimos como un fixture para no ir siempre a la misma iglesia porque sino la cana ya nos esperaba en la puerta. Nos apagaban las luces, nos echaban; pero también dentro de la iglesia, y por eso los curas no nos quieren. Entre Padre Nuestro y Ave María nos pasábamos que íbamos a hacer, decíamos: "Padre Nuestro que estás en los cielos, vamos tal día a tal lugar; Ave María...". Esa era la manera de pasamos, sin papel y sin nada, qué actividad íbamos a realizar.
En el Mundial, como les dije, sufrimos mucho. Sufrimos la indiferencia del pueblo. Los medios de comunicación, que eran terribles. E1 ataque desde el exterior diciendo que éramos antinacionales los que hablábamos en contra del Mundial. Pero también vimos que cuando se inició el Mundial, había más periodistas extranjeros en la Plaza que en el propio Mundial. Y que Holanda, en vez de pasar el inicio del Mundial, cuando éste comenzó pasó a las Madres marchando en la Plaza. Y que también en ese año comenzaron a trabajar los grupos de apoyo, como SOLMA, yendo frente a la Embajada argentina, en Francia... Y hoy quiero decirles que están acá los dirigentes de SOLMA acompañándonos en este momento, que no han dejado de ir todos los jueves frente a la Embajada a solidarizarse con las Madres, siguen yendo todos los jueves.
Hicimos nuestro primer viaje a Europa.
 
Cuando pasó fin de año, después del Mundial, decidimos realizar un viaje a Estados Unidos y a Roma. También casi sin pensar muy bien qué significaba salir a lugares tan desconocidos para todas nosotras. También con mucho esfuerzo, con mucho miedo, sabíamos que salíamos y no sabíamos si íbamos a volver. Fuimos a Estados Unidos y a Roma. En Estados Unidos pedimos entrevistas -tal vez por inconciencia- a alto nivel; pedimos al Departamento del Estado, pedimos los legisladores, pedimos Patricia Derian. Pedimos a los personajes que conocíamos por el diario y también los que creíamos -también por esa falta de preparación política- que nos podían ayudar. Y los vimos, y nos dieron las entrevistas, y ahí comenzamos nuestra etapa de que nos apoyen fuera del país. En Italia conseguimos la entrevista con Sandro Pertini, con todos los legisladores; nos parecía mentira. El único que no nos pudo atender fue el Papa porque él está siempre muy ocupado. Pero también fuimos al Vaticano y ahí nos atendió.
 
(...) Y qué era una conferencia de prensa... y, bueno, "al toro", como quien dice. También hicimos entrevistas con las organizaciones de base, colectivas. Y volvimos al país sin saber si íbamos a poder entrar.
Pero pudimos entrar y contarle a las Madres cómo era todo esto. Pero ahí ya la represión contra las Madres fue infernal. Todos los jueves nos llevaban detenidas, y también ahí decidimos que si una iba presa, íbamos todas. No era que nos llevaban a 40 o 60 porque ellos querían, no, nosotras nos poníamos detenidas, y por eso también los demás decían que éramos locas. Pero nosotras, cuando iba una Madre presa, decíamos no, si va una vamos todas. Si no cabíamos en el primer patrullero en el segundo o en el tercero. Si no nos llevaban, nos presentábamos en la comisaría: "¡señor yo quiero estar presa con todas las Madres!" No entendía nada el comisario por qué queríamos estar presas, pero juntas hacíamos muchísima fuerza. Y adentro de la comisaría también les hacíamos los grandes líos. Nos soltaban de a una, a la madrugada, pero había Madres que tenían tanta fuerza que también se quedaban fuera de la comisaría dando vueltas alrededor hasta que nos iban largando a todas.
 
Ahí no había abogado que te defendiera, ahí no había nada; no había políticos, salíamos y solita nuestra alma.
Pero, bueno, igual seguíamos teniendo fuerza y queríamos conservar la Plaza. Llegó 1979, la represión fue brutal, no podíamos ir los jueves a la Plaza porque ya era demasiada la represión, hacíamos apariciones esporádicas para no perder la Plaza, un jueves a la mañana o un viernes por la tarde, y decidimos ir todos los jueves a las iglesias, a distintas iglesias. Como vimos que algunas Madres nos perdíamos, porque como no teníamos la misma iglesia si un jueves no ibas ya a la otra no sabías, decidimos ir un mes seguido a una misma iglesia, y cada vez íbamos cambiando. Pero también decidimos formar la Asociación, porque dijimos: eso tiene que quedar, porque si la represión se hace brutal y no podemos retomar la Plaza los jueves, esto tiene que quedar en algo. Y decidimos, un pequeño grupo, formar la Asociación ante escribano público, que se llama, como se llamó siempre, Madres de Plaza de Mayo. Esto se hizo; se decidió el 14 de mayo y se formó, por estas casualidades también, en una fecha muy tremenda para todos nosotros y que tiene un gran significado para las Madres. Se firmó el 22 de agosto de 1979, que es la fecha de los fusilamientos de los compañeros de Trelew. Fue casual, pero tiene tanto que ver formar la Asociación ese mismo día.
 
En el '79 vino la OEA, donde también teníamos grandes esperanzas. La OEA también para las Madres significó actividad, significó movimiento. Fuimos todos los días, hablamos con los de la OEA. Fue el único organismo donde entramos todas las Madres, 150 Madres; a los demás organismos só1o fueron las comisiones, nosotras pedimos entrevista para todas y entramos 150 Madres a hablar con ellos. Realmente fue importante la venida de a OEA; creíamos que iba a ser importante. Pero no pasó absolutamente nada. No pasó nada porque sirvió para blanqueo, para matar más gente, para más terror.
 
En el '79 también se hace el Mundialito, donde ustedes saben que mandaban a los camiones, cuya nafta era entregada gratis por YPF, para que insultaran a los que estábamos en la cola de la OEA. Muñoz convocaba a la gente por la radio a que fueran a hacer la imagen del país con ese Mundialito, donde surgieron algunos de los que son famosos hoy. Y sufrimos también ese oprobio que para nosotras era que mientras muchos cantaban y gritaban, nosotras estábamos ahí, en esa cola de espera, ya que para nosotras era común hacer colas frente a tantas organizaciones, era hablar una vez más: primero hablábamos en el Ministerio del Interior, después hablábamos a la Policía, después el hábeas corpus, los jueces. Siempre hablando nosotras, y cuando vino la OEA también hablamos nosotras; por eso rechazamos a la CONADEP, porque también tuvimos que ir a hablar, o quisieron que fuésemos a hablar nosotras. Ya habíamos hablado tantas veces, y habíamos dicho tantas veces lo que nos pasaba.
 
En el '80 decidimos retomar la Plaza. Dijimos: tenemos que ir pase lo que pase. Y volvimos a la Plaza, y la retomamos, porque tomamos desprevenida a la policía porque fuimos un jueves que ellos no pensaban, en la tarde, a la misma hora de siempre, a la tres y media. Al otro jueves pusieron policía como para la guerra, hasta en los árboles, con ametralladoras apuntando para abajo, pero igual nos quedamos. Nos golpearon, nos pusieron perros, pero igual dijimos que no podíamos dejar de ir, y que esa Plaza había que conservarla porque era la lucha, porque era el futuro, porque ahí sentíamos que sí era una manera de recuperar esto que tanto queríamos que era tener un estado de derecho o constitucional.
 
En el '80 también tuvimos nuestro primer boletín. Ya había grupos de apoyo en toda Europa. Ya se había formado el grupo de apoyo de Holanda; las mujeres de Holanda nos estaban apoyando. Nos envían el dinero para que tuviéramos nuestra primer oficina; en 1980 por primera vez tuvimos un lugar donde reunimos, porque hasta ese momento todo lo hacíamos en la calle. María del Rosario llevando a cuestas la oficina, llevando sobre su hombro los papeles, las carpetas, las cosas que hacíamos en las confiterías. Cuando nos queríamos hacer las clandestinas nos citábamos por el teléfono y a la confitería Las Violetas, por ejemplo, le decíamos Las Rosas, pero si no le decíamos bien Las Violetas, capaz que buscaban la confiteria Las Rosas; para despistar a la cana, que no nos siguieran. Tuvimos esa primera oficina que era un gran sueño para las Madres. La compramos con el aporte de las mujeres de Holanda. Y también en el '80 afirmamos nuestra consigna de "Aparición con Vida". Porque cuando le dieron el Premio Nobel a Adolfo Pérez Esquivel, Emilio Mignone había salido con él e iba diciendo por toda Europa que los desaparecidos estaban muertos. Y nosotras, que no es que somos ingenuas ni nos estábamos chupando el dedo, pero no queríamos darle esa posibilidad a la dictadura de que ya empezáramos nosotros a decir que estaban muertos cuando todavía nadie nos había dicho qué había pasado con ellos. Y como todavía nadie nos ha dicho qué pasó, seguimos pidiendo y reclamando esa consigna que es tan dura de mantener, y tan difícil de mantener, y que costó tanto que otros la tomaran como consigna llena de contenido y no de capricho. Fue el 5 de diciembre de 1980 donde las Madres sacamos un documento diciendo que la "aparición con vida" para cuestionar el sistema, que la "aparición con vida" porque no sabíamos qué había pasado con los nuestros.
 
En 1981 sacamos, con gran esfuerzo, también, nuestro primer Poemario. Todavía no hacíamos grandes volantes, hacíamos cartulinas escritas por nosotras. En fin, hablar de volantes también era una cosa complicada; el volante estaba asociado a la desaparición, por llevar volantes se habían llevado a nuestros hijos. El volante y el boletín fueron dos cosas muy importantes para nosotras. E1 Boletín, repartirlo, que la gente se enterara; y ese volante que también hacíamos de a uno. Entonces, sacamos nuestro primer Poemario, esos poemas escritos por las Madres en momentos tan terribles de dolor, que eran todos, cada uno, una denuncia.
Y también hicimos nuestra primera Marcha de la Resistencia, resistida por todos los organismos, ninguno quiso hacer la Marcha de la Resistencia. Algunos cuestionaban la palabra resistir; las Madres decíamos resistir, no hay ninguna otra cosa, qué vamos a decir. ¿Qué quiere decir resistencia? Resistir. Queremos resistir en la Plaza 24 horas a esta dictadura. Y lo hicimos. Y lo hicimos muy poquitas. En la noche, sobre todo, 70 u 80 Madres, no quedamos más. Pero fue el día en que cambiaron 3 dictadores. Fue la época de Viola, en ese día.
Y también hicimos nuestro primer ayuno. Terminada la Marcha de Resistencia, tomamos la catedral de Quilmes y ayunamos 10 días un grupo pequeño de Madres apoyadas por todas las otras Madres para mostrar que la Marcha de la Resistencia y el ayuno eran eso, el querer conseguir un espacio y un gobierno constitucional que nos permitiera salir de esa noche de horror con la esperanza, todavía, de encontrar a algunos de los desaparecidos y, sobre todo, el castigo a tanto responsable que ya teníamos en nuestras listas, que ya teníamos identificados y que creíamos -también ingenuamente- que íbamos a poder condenar.
 
En 1982, las Malvinas fueron también otro hito importante en este pueblo que de un día para el otro se olvidó... un día le dan una paliza en la Plaza, el 30, y al otro día, porque estos atorrantes y estos seres despreciables provocan una guerra, estaban aplaudiendo. Y las Madres firmes, diciendo somos solidarias con las Madres de los soldados que están en las Malvinas, pero no queremos la guerra, es otra mentira, es otro Mundial de la guerra para tapar. Y nos acusaron de antinacionales. Y en la Plaza había gente que nos decía que cómo podíamos ir a la Plaza mientras estaba la guerra. Y de ahí ese cartel: "Las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también". Y nos mantuvimos firmes, diciéndole a cada uno la mentira que era la guerra. Y tuvimos que perder, y tuvimos que llorar, y tuvimos que otra vez dar tanto a nuestros hijos para darnos cuenta de cuánto criminal, de qué tremenda era la dictadura. Hasta dónde nos había llegado de hondo que nos había hecho enfrentar con nuestros propios hijos, con nuestros propios hermanos, con nuestros propios compañeros de lucha, algunas veces, que no querían creer que se perdía la guerra y que no querían creer cómo eran los militares.
En 1982 empiezan las multipartidarias y ahí también nuestra participación fue muy activa. Hicimos un documento. La primera reunión fue en el comité de los radicales; nos convocamos las Madres, y nos dijeron "¿pidieron entrevista?", "no". Fuimos 80 Madres, abrimos la puerta y dijimos "hola, acá estamos". ¡No podían creer los radicales que estábamos ahí metidas!, estaban espantados. Entonces, llevábamos el documento, ya las cámaras de televisión estaban preguntándose cómo estaban esas mujeres ahí, y entonces yo le dije a Vanoli: "mire doctor, estuvieron cinco años en la heladera los políticos, los que están presentes les quiero dar un documento a cada uno". Y les dimos un documento a cada uno de los políticos que estaban ahí diciendo lo que habíamos hecho las Madres. Y así, cada vez que se reunió la Multipartidaria, las Madres estuvimos presentes. Entrando, luchando, por la puerta de atrás, por la de adelante, con invitación, sin invitación. Y a todos los políticos, les quiero decir, les dijimos lo mismo: no hereden los 30.000 desaparecidos, no hereden este horror porque este horror los va a sepultar a ustedes mismos. Esa tarea incansable que tuvimos que hacer con los políticos que no querían escuchar, pero que no querían escuchar porque en parte, también, eran responsables de la desaparición de nuestros hijos. En parte también fueron los responsables porque se callaron, porque silenciaron, porque apoyaron. No nos tenemos que olvidar que los radicales fueron los que más hombres le pusieron a la dictadura. No nos tenemos que olvidar que la mayor cantidad de intendencias eran radicales en la época de la represión. No nos tenemos que olvidar que los peronistas también tuvieron su parte porque Luder, con ese decreto de exterminio, también tenía su culpa. Y por eso es que ellos no nos querían apoyar, que no les importaba heredar los desaparecidos porque era también parte de su propio trabajo anterior. Porque ellos no estaban de acuerdo para nada con que nuestros hijos se opusieran a ese plan económico que casi es el mismo de hoy; ese plan terrible de Martínez de Hoz que llevó a que desaparecieran 30.000 personas en este país.
 
En 1983, la efervescencia de los partidos políticos hizo que las Madres tuviéramos que trabajar el triple. Entrevistas, pedidos, reclamos. Vino la elección. Ganó Alfonsín. Lo fuimos a ver. Nos recibió muy bien, muy simpático, muy norteamericano él con su sonrisa. (Yo me doy cuenta ahora de esto, no crean que ese día me di cuenta, para nada. Se los digo ahora para hacerme la agrandada. Pero ese día me creía que era simpático en serio). Y nos recibe y nos da esperanzas. Cuando asume como presidente nos vuelve a recibir, y nos dice que él creía que había desaparecidos con vida, que qué pensábamos nosotras. Nosotras le dijimos que también creíamos que había desaparecidos con vida. Y él, que los iba a buscar. ¿Y saben qué hizo para buscarlos? Le mandó un radiograma a cada uno en el Ejército para preguntarles si sabían algo de los desaparecidos. Y ellos le dijeron que no, con el descaro que los caracteriza. Esa es la manera en que los buscó. Ese año las Madres hicimos las siluetas. Esas siluetas eran la presencia de los desaparecidos en la calle. Ese año también sacamos nuestro primer afiche, donde reivindicamos la lucha de nuestros hijos; y en ese afiche decíamos que esos hijos habían luchado junto a su pueblo por la justicia, por la libertad, por la dignidad. Y también las siluetas. Y también las fotografías, que era tener a los desaparecidos en la calle para reclamarle a esos políticos que se habrán animado a heredarlos como desaparecidos que nosotras no nos íbamos a callar, no nos íbamos a conformar y que no los íbamos a dejar descansar.
 
El gobierno constitucional creó esperanzas y el primer mes creó la CONADEP. También nos vinieron a ver para esa CONADEP, que nosotras rechazamos porque no era una comisión -ustedes lo saben-que habíamos elegido nosotras, no la eligió el pueblo, no la pidió el pueblo, sino que era un aparato que creó Alfonsín, que lo necesitó para ganar tiempo. Porque los organismos estábamos cohesionados, habíamos hecho muchas Marchas (por la Vida, por la Libertad) que eran enormes y era una manera -después que habíamos crecido, de buscar un solo hijo a buscar a todos los hijos, después que habíamos crecido en esto de no reclamar ya por uno sino por todos- de volver otra vez a la lucha individualista, característica muy importante de los radicales; que cada uno se ocupara de lo suyo. Y muchas de las Madres, que habíamos entendido perfectamente que teníamos que ser todos o ninguno y que nosotras los buscábamos a todos, se empezaron a cuestionar si no había que ir a la CONADEP, y algunas de ellas fueron a la CONADEP pero nosotras no entregamos nuestro material, ni fuimos a la CONADEP, ni fuimos a la marcha de la CONADEP, y en nuestro documento dijimos: no le vamos a firmar un cheque en blanco a Alfonsín porque no sabemos qué va a hacer con las 50.000 páginas que tiene, porque tampoco sabemos qué hizo con todo lo que había en los tribunales, de todos los años pasados, y porque sí sabemos que confirmó a los jueces cómplices del proceso anterior para que sigan haciendo lo mismo ahora. También sabíamos que estaba ascendiendo a los militares y también sabíamos de muchas de las complicidades que se estaban tejiendo. Por eso no aceptamos a la CONADEP ni fuimos a la marcha. Fuimos las únicas que no fuimos a la marcha de la CONADEP.
También ese año empezó a funcionar nuestro Frente de Apoyo y tuvimos nuestro primer periódico. Ya fuimos más ambiciosas. Ya queríamos tener nuestro pensamiento en la calle. Y un grupo de periodistas, que decidió apoyar nuestra línea, comenzó a trabajar sobre el periódico. Ya teníamos entonces el Frente de Apoyo; antes se había constituido nuestro Equipo de Asistencia Psicológica; y también comenzábamos a tener algunos abogados que se acercaban a nuestra casa, porque hasta ese momento las Madres no teníamos abogado, porque nunca creímos en lo jurídico, porque siempre nos dimos cuenta que los pueblos no pueden solucionar su lucha jurídicamente. Los pueblos, la única manera que tenemos para solucionar nuestras cosas es luchando, es movilizando, es participando, es accionando, con la lucha de la base del pueblo. Los gobiernos nos pueden hacer creer, o nos pueden decir que todos estos problemas se resuelven jurídicamente, mientras ellos nos atacan jurídicamente.
 
Y políticamente las Madres seguimos trabajando. En el '85 los juicios, que fascinó a mucha gente, que fascinó a la gente en el exterior, que se hicieron bajo el Código de justicia Militar en tribunales civiles, que se hicieron sin el asesino en el banquillo, que se hicieron eligiendo determinada cantidad de testimonios en los que no se tocaba ninguna multinacional (no por casualidad Strassera eligió los testimonios que eligió), en ningún momento se nombró la complicidad de las multinacionales (Coca-Cola, Pepsi, Papel Ledesma, y bueno, no alcanzaría la noche para nombrarlas a todas). Y las Madres fuimos al juicio, el día que se inauguró. Cada día, después, teníamos una tarjeta para ir nosotras. Y el día que supuestamente se iban a dar las sentencias, que se pidieron grandes antes de las elecciones de diputados que hubo en el '85, en noviembre, y que 15 días después de las elecciones, ya no eran las condenas que nos habían dicho que iban a pedir. Y en el juicio, cuando se dictó la primera absolución, yo estaba presente, había discutido mucho con Strassera para ponerme el pañuelo porque no me dejaron usar el pañuelo, porque decían que no era un acto político; entonces, yo me lo sacaba y me lo ponía acá y venía Strassera y me lo hacia bajar más y cuando se iba él... hasta que me sacaron uno, pero como me había llevado varios en la pollera, me sacaban uno y sacaba otro de la pollera. Esa era la pelea, ¡sí!, porque, ¡qué tenía un pañuelo en la cabeza! Yo decía: toda esta gente que está con sombrero acá, por qué no se lo hacen sacar. Los policías estaban con la gorras. No, era el pañuelo blanco. Y yo le dije: doctor Strassera, lo que pasa es que el pañuelo blanco va a ser la única condena en este juicio. Y cuando dictó la primera absolución, me levanté y me fui del juicio. Lo que lamento es que me fui sola, porque tampoco se levantaron los compañeros de los otros organismos que yo esperaba que se levanten. Me fui sola del juicio, acompañada de muchos periodistas que me preguntaban por qué me iba, y entonces les dije que me iba porque eso era una vergüenza, porque estaban absolviendo a asesinos en la cara del pueblo y en la cara del mundo. En 1985, le pedimos una entrevista a Alfonsín, por esto de las absoluciones, todas las Madres del país. Nos dio una entrevista para el 24 de junio, que era el día de Gardel. Las Madres del país viajaron y 25 Madres fuimos a la Casa de Gobiemo a las 6 de la tarde y Alfonsín dijo que no nos podía atender, porque iba al Colón a escuchar a Gardel. Claro, Gardel no le iba a pedir nada, y nosotras sí. Pero decidimos que nos íbamos a quedar, y que lo íbamos a esperar. Y así tomamos la Casa de Gobiemo por 20 horas. Nos quedamos a dormir; llevamos los colchones, el té, el café, las mantas. También vinieron los periodistas. Y nos quedamos a esperar que alguien nos atendiera o que alguien nos dijera qué era esto de citar a las Madres un día especial y que ese presidente nos diera la espalda. Fue un hecho político de demostración de cómo, sin ningún tipo de fuerza, sin ningún tipo de violencia, pero con mucha idea clara de qué queríamos, se podía tomar una Casa de Gobiemo para reclamarle al que nos estaba gobernando qué era lo que estaba haciendo. Tuvieron que cambiar la entrada de la Casa de Gobiemo a la otra mañana porque no podían entrar porque estábamos las Madres acostadas. A las 2 de la mañana le di asueto al personal porque no los íbamos a dejar limpiar, les dije que se fueran para la casa que les dábamos asueto. Y así mostramos cómo hay muchas cosas que se pueden hacer, que hay muchas cosas que se pueden cambiar cuando uno tiene claro qué quiere, a dónde va y por qué está.
 
En 1985 hicimos esa tremenda marcha de las manos, "Dele una mano a los desaparecidos" . Y miles y miles de manos de todo el mundo se extendieron para que después las colgáramos, en la Avenida de Mayo y en la Plaza, mostrando cómo había tanta solidaridad y tanta comprensión para la tarea que hacíamos, que era pedir una mano para ellos, para nuestros hijos, para los únicos impulsores de esta lucha, para los únicos que son los que nos dan la fuerza, por lo cual tenía tanto sentido lo que estábamos haciendo.
En 1986, hacemos la Marcha de los Pañuelos y hacemos campañas, porque comenzaba el Punto Final. Y el Punto Final no empezó por el Punto Final de la ley; el punto final comenzó cuando Alfonsín, en sus primeros meses de gobierno, nos empezó a mandar telegramas a las Madres de Plaza de Mayo diciendo que nuestros hijos estaban muertos en tal o cual cementerio. Y a algunas de nosotras nos mandaban cajas con restos humanos diciendo que eran nuestros hijos. Y hubo que reunirse, y hubo que llorar, y hubo que desesperarse, y hubo que tomar decisiones de rechazar las exhumaciones. Porque si aceptábamos la exhumación de esos muertos, que decían que eran muertos en enfrentamiento, si aceptábamos esa muerte sin que nadie nos dijera quién los mató, sin que nadie nos dijera quién los secuestró, sin que nadie nos dijera nada, era volverlos a asesinar. Y también fuimos el único organismo que hoy todavía sigue rechazando esa vergüenza que significa que a uno le quieran entregar un muerto, diciendo que murió en un enfrentamiento (que ya es salvar a los militares), sin saber siquiera cómo llegó a ser un muerto o un asesinado. No es fácil para una madre tomar esta decisión, para nada. Hubo muchos días de reuniones, muchos días de discusiones, por qué había que rechazar esas exhumaciones. Ese era el punto final. Que todos nosotros aceptábamos la muerte, así porque sí. El punto final era una plaquita en cada lugar diciendo "aquí estudió", "aquí trabajó". Nosotras también rechazamos eso porque sentíamos que también era el punto final. Lo único que aceptamos es que se diga: aquí, los que estamos vamos a seguir luchando igual que ellos. A nosotros no nos interesa que recuerden a los desaparecidos y que quieran a las Madres, nos interesa que acompañen a las Madres pero, por sobre todas las cosas, que imiten a los desaparecidos. Que traten de ser como ellos, que lucharon por su pueblo, para su pueblo y con su pueblo.
 
Y también ahí se empezó a trabajar con la reparación económica. Ya vinieron los primeros sondeos, ya vimos cómo estaban haciendo los políticos que querían, por sobre todas las cosas, esto, el Punto Final: exhumación de cadáveres, reparación económica y homenajes póstumos, tres cosas que las Madres rechazamos oponiéndonos, dentro de los cementerios -como pasó en Mar del Plata- a la exhumación. Porque ese mismo juez, que era un traidor, ese mismo juez es un corrupto, ese mismo juez hoy no puede, no debe estar ocupando ese lugar, no debería estar ocupando ese lugar. Y nos costó mucho trabajo, también, oponemos a todo esto. Nos costó juicios, nos costó condenas. Y vino el Punto Final, por ley, y la Obediencia Debida, por ley. Pero como nosotras estamos luchando contra ese sistema, no aceptamos las leyes que nos quiere imponer este gobierno. Las rechazamos todos los días y a cada rato. Y como las rechazamos, estamos luchando para que se los siga condenando, para que alguna vez se le dé la cárcel que merece este horror y esta cosa tan tremenda que pasó en este país. Pero no es que queremos que no se olvide porque no queremos que olviden a nuestros hijos. No queremos que se repita. No queremos la corrupción de los políticos que nada más piensan en la interna. No queremos la corrupción de los jueces. No queremos una Suprema Corte, que va bajando cada vez más la cabeza y se va postrando cada vez más.
Tuvimos una lucha muy larga. Tenemos una lucha muy larga. El trabajo que hacemos las Madres es un trabajo para el futuro pero lo estamos haciendo antes y ahora en el presente. El que me presentó en esta charla decía que hay que estudiar al enemigo, hay que estudiarlo para después saber cómo combartirlo. Pero yo quiero decir que mientras uno estudia no hay que dejar de combatir. Hay que estudiar para combatirlos, pero cuando uno estudia no hay que dejar de combatir, porque el enemigo nunca descansa. Y creo que en este país pasó mucho de esto. Que mucha gente, con miedo, o creyendo que era cómplice, porque también la culpa colectiva fue lo que intentó este gobierno: "todos somos responsables, todos somos culpables". No es cierto. El pueblo no es culpable, ni es responsable. Si el pueblo tuvo miedo fue porque la dictadura lo implantó. Hay otros responsables: los que hicieron la Obediencia Debida y el Punto Final. Esos son los responsables. Que lo hicieron porque tienen que perdonarse ellos mismos; no sólo están perdonando a los militares, también hacen su propio perdón. Ellos lo necesitan, porque han sido muy responsables, muy culpables, muy cómplices. Por eso hacen la ley, no se la hacen sólo a los militares.
 
Tenemos equipo de psicólogos -como dije antes-, tenemos abogados, periodistas, un equipo que filma todos nuestros trabajos, de video. Y también las Madres tenemos reconocimiento de nuestro pueblo, el apoyo, la comprensión, que es indispensable para nosotras para seguir, para seguir en esto que estamos. Han puesto a calles de Madrid, de Maidalea, de Almería el nombre de Madres de Plaza de Mayo. También hay en Holanda plazas que se llaman Madres de Plaza de Mayo. Hay escuelas que se llaman Madres de Plaza de Mayo. Y también va a haber una en el país que se llame Madres de Plaza de Mayo, parece que va a ser en Luján. Realmente estamos muy emocionadas con esto nosotras, que no sea sólo fuera del país donde la tarea nuestra, que es mucha, de todos los días. Y no es para nosotras el reconocimiento; en la medida que se habla de las Madres, se habla de los hijos. Si nosotras estamos en esto es porque ellos -como decimos siempre- nos parieron. Es porque ellos están en cada acción, en cada lugar. Las Madres somos un movimiento que es como una cadena, cada Madre es un eslabón; no puede decaer, no se le permite que decaiga, que afloje.
 
También nos han dado algunos premios, "Por la Lucha", "Por la Libertad", "Por la justicia". Visitan nuestra casa, permanentemente, de todo el mundo, artistas, juristas, periodistas. Quieren hacer tesis. Parlamentarios, representantes de iglesias, mujeres de organismos de otros países de derechos humanos nos invitan. Hemos hecho muchísimos viajes a Europa, invitadas permanentemente por distintos organismos. Tenemos grupos de apoyo en Europa que nos reunimos una vez por año. Una vez por año, con estos grupos de apoyo, para ver cómo vamos a seguir trabajando. En todas partes de Europa la gente nos apoya, nos entiende. Nuestro periódico es traducido a varios idiomas, es repartido en los distintos países. Asistimos a congresos, a encuentros. Tenemos editados tres Poemarios, varios libros.
 
Y también se realizan tesis sobre las Madres. Las tesis son a veces psicológicas, a veces sociológicas. Nos hacen muchas preguntas que, a veces, no nos habíamos hecho nosotras. Pero les quiero decir que esa Plaza que nos dio el nombre, que es la Plaza donde se gestó nuestra independencia y nuestra libertad, y que es donde se va a seguir gestando nuestra libertad, donde vamos a seguir estando. Esta tarea que tenemos es una tarea que, esperamos, se amplíe y se agrande cada día y cada hora. Es necesario que los asesinos sean condenados. Es necesario que cada uno de nosotros no sienta que está perdiendo la libertad cuando sueltan, o desprocesan -como se dice ahora en vez de decir que los perdonan a los amnistían- a uno de ellos. Nosotras pretendemos que todos los hombres y mujeres que trabajan codo a codo con nosotros sean los que hereden esta lucha, los que hereden esta tarea, los que hereden nuestra Asociación, nuestro pensamiento y nuestra manera de trabajar. Nosotras, estamos seguras, no vamos a ver el fruto de este trabajo. Tampoco trabajamos para el éxito. Tampoco trabajamos para el espacio político ni para el poder. Trabajamos convencidas de que estamos siguiendo la lucha que empezaron los que hoy no están, los 30.000, las compañeras, los hombres y mujeres que todavía hoy están en nuestras cárceles. Estamos convencidas que estamos siguiendo esa tarea, de una manera distinta tal vez, pero con los mismos objetivos. Hemos sido siempre distintas en todo; nuestro accionar, en la forma de trabajar, en la forma de conducimos, en la forma de reunimos. Nuestras reuniones son distintas a todas, estoy segura; entre mate y charla las Madres hacemos nuestros documentos, las Madres hacemos todas nuestras tareas.
 
Como hemos sido distintas en todo, también somos distintas en nuestro proyecto de futuro. Pretendemos que se organice nuestro pueblo, que se formen y solidifiquen las organizaciones de base populares, en cada barrio, en cada lugar, los trabajos colectivos, para que otra vez esa efervescencia de los años '70 se vuelva a notar en nuestro pueblo, que parece cansado, que parece derrotado, que parece deprimido, pero que cuando lo tocan salta y sale a la calle. Lo mostramos en abril de 1987, cuando nos engañaron y nos traicionaron; lo mostramos con la huelga de los docentes, esa brillante clase que nos dieron los maestros en la calle. O sea que el pueblo, cuando tiene motivos y dirigencia clara y honesta que los convoca para algo, seguramente va a salir. Pero para esto hay que estar organizado. Hay que organizarse, hay que trabajar, hay que sentir que cada uno de nosotros tiene que ser -como dice una consigna por ahí- su propio soldado, en el buen sentido de la palabra, de lo que quiere, de lo que proyecta, de lo que ambiciona para su pueblo, que es nada más que lo que ambicionamos para nosotros mismos. Nuestros hijos marcaron un camino, de liberación, de justicia social, por la cual luchaban. Todos nosotros estoy segura que queremos lo mismo. Pero, ¿qué hacemos por eso que queremos? Qué estamos dando de nosotros mismo por eso que queremos, por eso que ambicionamos? Cada mañana, cada vez que nos despertamos, las Madres pensamos en este día de trabajo al que nos convocan nuestros hijos, esos que están en la Plaza, esos que están ahí en cada uno de ustedes, esos que nos parieron a este mundo, que nos parieron a esta actitud, a esta actividad, a esto que somos hoy las Madres.
 
Esta charla a la que hoy nos habían invitado nos puso a recordar muchas cosas de las que vimos y de las que pasamos. Había miles de anécdotas para contar, había miles de momentos para vivir con ustedes. Pero tal vez hayan algunas preguntas que ustedes quieran hacer. Yo les digo que las Madres, mientras tengamos vida, mientras tengamos un soplo de aliento, vamos a seguir luchando por la vida de nuestro pueblo. Por nuestro pueblo, para nuestro pueblo, junto a nuestro pueblo, para que alguna vez tengamos la educación popular que nos permita acceder a un gobierno popular que sea realmente el representante de lo que todos queremos, y no como ahora, que sólo estamos votando, que no nos permiten elegir. Algún día tendremos ese gobierno popular que con justicia condenará a los asesinos que tanto horror nos hicieron vivir durante estos años. Nada más.

 

 

 

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