El Mateo

"Mateo" es la primera pieza teatral, que su autor, Armando Discépolo (1887-1971), califica como "grotesco" dentro de su producción. Consta de tres cuadros y fue estrenada el 14 de mayo de 1923 en el Teatro "Nacional". Dice Luis Ordaz: "Don Miguel, el antihéroe de Mateo, es un humilde cochero de plaza -de las hasta entonces llamadas victorias-, y es el nombre del caballo el que da título a la pieza. Don Miguel, con su mentalidad detenida en el tiempo (por conformación y hábito), es arrasado por el torrente del progreso civilizador, simbolizado en este caso por el ruidoso y prepotente automóvil". Don Miguel se ve envuelto en una serie de situaciones con exterioridad risible y trasfondo dramático.
Desde el estreno de "Mateo" a los coches de plaza se les dio ese nombre, y por extensión al cochero, lo que demuestra la resonancia popular que tuvo esta obra del grotesco criollo.

Hacia 1925, los vehículos que circulaban por las calles capitalinas se dividían en partes iguales entre coches de caballo y automóviles. Los coches de caballo eran en su mayoría mateos, dado que aquellos que tuvieron berlinas o coches especiales ya habían sucumbido ante la moda motorizada y la velocidad que ella significaba.

Jorge Ochoa de Eguileor, en el libro "Recuerdos de mi Buenos Aires del siglo XX", lo describe así: "el mateo cumplía su función de medio de transporte para pasajeros, en alquiler. Adelante iba el cochero y atrás los pasajeros, en un asiento con capacidad para tres personas. Si el número era mayor, una silleta, adosada en la parte posterior del cochero, se volcaba permitiendo que viajasen dos más, enfrentados con los primeros".

Como no podía ser de otra manera, el mateo ingresa en el mundo del tango con el tema "Viejo coche", con letra de Celedonio Flores (1896-1947) y música de Eduardo Pereyra:

"Viejo coche, que cuando era
un muchacho calavera
de madrugada ocupé.
Si por pura fantasía
de la milonga salía
y a Palermo me tiré.

Eras nuevo y lustroso
y tu buen caballo brioso
por el centro te lució.
¡Viejo coche, quien diría
que a la larga rodarías
como también rodé yo!

Horacio Scornik, sobrino de los escritores Luisa Sofovich y del genial madrileño Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), en su bello escrito "Recordando a Ramón", de sus "Ejercicios nostálgicos ", dice: "Durante el año ocurrían algunos pocos paseos. Impresiona al recordar, la naturalidad con que aceptábamos lo fuera de serio de sus convites. Ramón era un maestro en lógica infantil. A las 5 de la tarde de un crudo invierno, debía esperarlos en la puerta de casa, frente al Teatro Colón, ellos, Ramón, Luisa y Eduardo pasaban a buscarme en coche de caballos, un mateo. Ramón debía ser el único que los usaba como transporte habitual. Así que íbamos en medio de tranvías y colectivos...". Esto sucedía al inicio de los años 40.

Pascual Galati y su hijo Miguel tienen un corralón de mateos en pleno barrio de Chacarita. En una reportaje realizado por investigadores de la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico cultural de la Ciudad de Buenos Aires, allí entre fardos de forraje y rodeados por los coches, negros en su mayoría, y algunos blancos, ricamente fileteados, don Pascual decía: "Empezó mi padre, hace sesenta años, nosotros seguimos por la tradición, porque otra razón no hay. Hay que tener otro trabajito para poder subsistir, con esto no alcanza para vivir. Mi hijo aprendió a reparar lo que se rompe porque desde chiquito estuvo al lado de mi papá, mirando como arreglaba una rueda, una capota, un elástico. Yo desde que tengo uso de razón ando en esto, hace ya cuarenta años. Mi papá vino de Italia a los 22 años, trabajó en el Mercado de Abasto como changador. En aquellos tiempos, los mateos eran taxis, llevaban unos relojes en el costado, donde ahora están los faroles. Paraban en Plaza Lorea, en Plaza Lavalle, en Constitución, en Retiro... Y así empezó mi padre, de a poco, luchando, trabajando veinte horas por día, como lo estoy haciendo yo ahora. Acá todo lo hacemos nosotros. Limpiamos los caballos, a veces acompañados por algún que otro amigo. Estos caballos son muy buenos, muy mansos, se conducen perfectamente en medio del tráfico. Para nosotros son parte de la familia. Los atendemos continuamente."

En otra parte de la entrevista, comentaba Pascual: "Los mateos se usan mayoritariamente para casamientos, también para algunas filmaciones. Mi papá tiene un montón de películas hechas con Olmedo y Porcel, yo también. Hicimos películas con Sandrini. En ese tiempo se iba a filmar todo en Sono Film. Yo llevé a Xuxa. Mi mateo apareció en la primera película de Leonardo Favio, Crónica de un niño solo, y también en la última, Gatica". Miguel por su parte cuenta: "Me acuerdo que llevé a Marrone, iba al lado mío y estaba chocho de viajar en mateo porque nunca lo había hecho. Llevé a muchos artistas, pero al que más recuerdo es a Marrone, yo tendría 15 años".

Con el paso del tiempo el mateo comenzó a desaparecer, hasta que una ordenanza municipal porteña de 1965 prohibió la tracción a sangre desde Pueyrredón hacia el centro, y otra, dos años después, extendió la prohibición al resto de la ciudad.

En la actualidad sólo quedan unos pocos, autorizados como turísticos, que partiendo del Zoológico, desde la esquina de las avenidas del Libertador y Sarmiento, recorren los bosques de Palermo al ritmo del trote de los caballos, casi siempre acompañado por el tintinear característico de cascabeles.
Al caer la tarde vuelven a sus corralones - refugio, como el de Paz Soldán casi Avalos, o al de Loyola y Fitz Roy. Artistas de la talla de Alcides Gubellini y Roberto Paéz, en pinturas o grabados, supieron interpretar su magia añeja y nostálgica.

Fuente: http://www.dgpatrimonio.buenosaires.gov.ar/display.php?page=izq_inta/patrim_oficio.htm#1

Ilustración: http://www.arteargentino.com/sala/oddone/3.jpg 

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