El Organillero
 

"El primer organito salvaba el horizonte
con su achacoso porte, su habanera y su gringo.
El corralón seguro ya opinaba: Irigoyen
Algún piano mandaba tangos de Saborido."

Jorge Luis Borges. "La fundación mítica de Buenos Aires".

Has vuelto, organillo. En la acera
hay risas. Has vuelto llorón y cansado
como antes."

Evaristo Carriego. "Has vuelto".

"Si algún organito añejo
pasa por el arrabal
o alguien silba, bien o mal,
el tango Derecho Viejo,
nos estremece el pellejo
su responso milonguero
y su réquiem arrabalero
tirita en las calles solas:
es que rezan por Arolas
y hay que sacarse el sombrero."
León Benarós. "Milonga para Arolas".

Angel del Río López en su libro "Viejos oficios de Madrid" certifica la existencia del código del buen organillero diciendo: "Agárrese el manubrio por el pomo que de madera. Tiene, siempre entre los dedos índice y corazón de la mano, a ser posible derecha, y enfrente del instrumento, mientras que la mano izquierda se apoya sobre la tapa para que los latidos del corazón se transmitan a las notas y así se halle mayor conjunción. Los músculos del organillero siempre habrán de estar relajados para que no se fatiguen y puedan tocar durante mucho rato sin que les venga el cansancio..."
En 1925 Carlos Gardel, grababa en Buenos Aires para la Odeón, en versión acústica, el tango "Organito de la tarde", con letra de José González Castillo y música de su hijo, Cátulo Castillo. "Al paso tardo de un pobre viejo/ puebla de notas el arrabal,/ con un concierto de vidrios rotos,/ el organito crepuscular........"

El organito es un instrumento sencillo. Dentro de su caja contiene un cilindro que tenia grabado cuatro o cinco melodías, que en general eran un tango, un valsecito criollo, una canzoneta napolitana, una tarantela y un paso doble, como para todos los gustos. Dando vueltas al manubrio la música comenzaba a sonar. Junto al organillero, la otra protagonista, cuando había, era "la cotorrita de la suerte". Recordemos de paso, que Gardel el 16 de diciembre de 1927 grabó en Buenos Aires para el sello Odeón, el tango "Cotorrita de la suerte", de Alfredo J. De Franco y José de Grandis, acompañado en guitarras por José Ricardo y Guillermo Barbieri.

Pagando unas pocas monedas, la cotorrita entraba en acción, obediente a la indicación del organillero. Se tomaba su tiempo, hasta que elegía uno entre los papelitos enrollados; a la manera de las entradas de cine numeradas; donde estaba escrita la suerte del "cliente". Demás está decir que las predicciones siempre eran optimistas y simpáticas.

José Barcia, uno de los presidentes que tuvo la Academia Porteña del Lunfardo, decía: "Para reafirmar su derecho a la conquista de Buenos Aires sin distinción de sectores sociales ni de zonas, el tango ganó también la calle a través de los organitos. Los había que se transportaban en carros tirados por caballos -que construía la empresa de Rimaldi hermanos- y los de mano, es decir, los individuales, con cada uno de los cuales cargaba un hombre que iba de casa en casa ofreciendo la musiquita de tango enrollada en pequeños cilindros..."

Héctor Manuel Salvo, más conocido como Manú Balero, siempre con gorra o rancho de paja, se instalaba en la Plaza San Martín o recorría las calles Florida y Lavalle con su organito del año 1884, y sus dos cotorritas, Teresita y Consuelo.
Manú contaba que: "Cuando era muy chico escuché a un organillero y me quedé eclipsado. Y mucho tiempo después, de visita en una casa de antigüedades, escuché la música de un organito y me quedé prendado para siempre. Fue allí cuando comprendí que sería organillero para toda la vida".

Una vez que Manú pudo comprar el organito, cosa que le resultó muy difícil debido a su escasez, se dedicó a estudiar minuciosamente todos sus secretos, convirtiéndose en poco tiempo en un verdadero especialista. "Los organilleros acompañaron a las tropas argentinas en la Guerra del Paraguay, fueron como juglares".

En 1995, cuando parecía que se le retiraba el permiso para circular por la vía pública, mucha gente manifestó su disgusto. El escritor Ernesto Sábato salió en defensa de Manú, a través de un artículo del diario "Clarín" del 10 de julio, pidiendo que se le renovara el permiso de por vida. Luego agregaba: "Alguna vez compuse la letra de un tango titulado Al Buenos Aires que se fue, con música del gran Julio De Caro, en que se habla del tierno instrumento que llevaba la esperanza a las muchachas de barrio en el papelito que le alcanzaba en su pico la cotorra".

Manú continuó con su organito hasta el día de su muerte, ocurrida hace pocos años.
Afortunadamente su hija Beatriz continúa la tradición

"y el último organito se perderá en la nada
y el alma del suburbio se quedará sin voz".

Homero Manzi. "El último organito".

Fuente: http://www.dgpatrimonio.buenosaires.gov.ar/display.php?page=izq_inta/patrim_oficio.htm#1

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