ORIGEN DE LA PALABRA "ATORRANTE"

Ricardo Ostuni

Atorrante es una voz lunfardescaincorporada al Diccionario de la Real Academia que la recoge como unamericanismo con el significado de vago, callejero y generalmente sin domicilio,que vive de pordiosear.
Su origen es incierto pese a las muchas teorías que tratan de explicarlo. La demayor predicamento es la que lo vincula con la supuesta marca A. Torrent de loscaños utilizados en las obras sanitarias de la ciudad de Buenos Aires.
Sin embargo este intento carece de probanzas y es sugestivo que ninguno de losmuchos escritores que abordaron el tema de la vagancia y la mendicidad en BuenosAires a fines del siglo anterior, hubiera registrado tal antecedente. Puedenconsultarse las siguientes obras: Vidas y costumbres en el Plata de EmilioDaireaux (1888); Tipos y costumbres bonaerenses de Juan A. Piaggio (1889); Lascausas del delito de Antonio Dellepiane (1892); La mala vida en Buenos Aires deEusebio Gómez (1908) y muchísimos artículos y notas publicados en revistas dela época. En ninguno se menciona la existencia de la firma A. Torrent.


* La chispa de un escritor

El 25 de abril de 1889 el médico yescritor español Silverio Domínguez publicó en las páginas de El Río de laPlata, un artículo sobre el posible origen del vocablo, haciendo esta revelación:

"Cuando hace unos seis años laadministración de las aguas corrientes de Buenos Aires, tuvo necesidad deestender (sic) una nueva cañería... se encontró en el amplio depósito de cañosde hierro con unos estraños sic) seres....que un escritor chispeante bautizócon el nombre de atorrantes, sinónimo de vagabundos, aunque esta palabra noesprese (sic) fielmente el significado de atorrante que de uso frecuente ya enel país, se da al que en nada se ocupa, al que nadie sabe como puede vivir sintrabajar, ni llenar sus necesidades, siendo ahora también corriente emplear elverbo atorrar, por la expresión de matar el tiempo, holgazanear o como el dolcefar niente de los italianos..."
Dominguez retrotrae los orígenes del vocablohacia 1883 si bien no identifica al chispeante escritor que lo habría creado.Su nombre recién fue revelado en Caras y Caretas del 1º de diciembre de 1900por Fabio Carrizo (seudónimo de José Sixto Alvarez), quien escribió en su artículotitulado "Los atorrantes":
Eduardo Gutiérrez el genial autor de Juan Moreira, que era, además deescritor galano y original, un repórter ideal... fue el primero que usó elvocablo atorrante en nuestros diarios, para designar (a) los hombres y mujeresen quienes la vagancia llega a constituir una enfermedad perfectamentecaracterizada hoy.
Es de advertir que el texto habla de la prioridad periodís-tica en el usodel término, lo que no implica concederle a Gutiérrez la paternidad del mismo.Y para que no hubiera dudas, agrega líneas más adelante:
La Patria Argentina que era el diario donde Gutiérrez creó elvocablo, no dice nada de su origen, pero nos inclinamos a creer que sea algunavieja palabra castellana conservada en el argot de los lunfardos.
No obstante algunos autores han creído ver en estos comentarios, laconfirmación de la teoría que vincula la palabra atorrante con la supuestamarca de los caños A. Torrent; otros,en cambio, se han mantenido mas cautelososcomo Mario E. Teruggi por ejemplo:
También da un poco de pena que no se ha podido corroborar aquella creaciónque atribuía el orígen de atorrante...a unos grandes caños que llevaban lamarca de su frabricante A. Torrent o A. Torrant... Hasta el presente, no se halogrado probar la existencia de caños que portaran la marca comentada.(Panorama del Lunfardo/Edic. Cabargón. Bs.As. 1974).
La pesquisa debe orientarse, necesariamente, hacia la historia de las obrassanitarias de la ciudad. Urge investigar en sus archivos para confirmar odesmentir tal suposición.

*En el prinicipio fue el verbo

La referencia impresa mas antigua que setiene del vocablo atorrante, es la cita del verbo atorrar que aparece en un artículode Benigno Baldomero Lugones -Los caballeros de industria- publicado en La Naciónde Bs.As. el 6 de abril de 1879.
En la estafa el gil (sinónimo de otario) ve los objetos con que va a serrobado, pasea con los lunfardos, a veces morfila (come) y atorra (duerme) conellos.
El cotejo de fechas revela que el modo verbal era conocido mucho antes de lautilización de las grandes cañerías en las obras sanitarias de la ciudad. Lanota de Lugones es de 1879 y los caños comenzaron a instalarse en 1883/84. Asítambién lo confirma Miguel Cané en Prosa Ligera (1903) donde asegura que lapalabra atorrante es de introducción relativamente reciente en el hablapopular:
Después de haber vivido más de un cuarto de siglo, la oí por primera vezen mi tierra, allá por 1884 de regreso de Europa donde había pasado algunos años...Se me dijo entonces (no hay lomo como el de la etimología para soportar carga)que el vocablo tomaba origen en el hecho de que los individuos del noble gremioasí denominado, dormían en los caños enormes que obstruían entonces nuestrascalles, llamados de tormenta.
Cané confirma con toda claridad que se les llamó atorrantes porque dormían(esto es, atorraban) dentro de esos caños por carecer de domicilio y detrabajo. Por extensión el vocablo devino en sinónimo de vago y holgazán. Laúnica y certera ocurrencia adjudicable a la chispa de Eduardo Gutiérrez, es lacreación del cuño atorrante por derivación del ya existente verbo atorrar,cuya circulación debió ser conocida en el habla popular de entonces.


* En busca de otros orígenes

Queda demostrado que la etimología delvocablo atorrante no se vincula con el nombre de ningún fabricante de caños,teoría que, por otra parte, descalificara con recurrencia don José Gobello.
La supuesta empresa A.Torrent carece de existencia documentada en la historia delas obras sanitarias de la ciudad. No figura en las presentaciones del Ing.Coghlan (que proyectó algunos trabajos antes de la intervención de La TrobeBateman); tampoco se la menciona en el informe Parsons ni en las sucesivasMemorias de la Comisión de las Aguas Corrientes, donde figuran en cambio, endetalle, las obras con los materiales empleados. Tampoco la citan los autoresque, a fines del siglo anterior, estudiaron el tema de la vagancia y lamendicidad.
Por otra parte, el historiador Jorge Alberto Bossio me confió haber realizadouna exhaustiva investigación en Barcelona y otras importantes ciudades de España,también con resultado negativo.
Refutada aquella ingeniosa fábula etimológica, cabe la pregunta del millón:¿de dónde proviene entonces el verbo atorrar?
José Gobello (Vieja y nueva lunfardía/Buenos Aires 1963) dice con sagacidad:
Quizás sea prudente pensar en atorrar como en una palabra de importaciónpor muy porteña que parezca. Más porteño que pibe no hay y la trajeron losinmigrantes.
Benigno Baldomero Lugones (1857-1884) documentó la existencia del verbo en1879, aunque sin dudas su conocimiento era muy anterior. Desde 1873 se desempe-ñabacomo escribiente de la Policía de Buenos Aires según se desprende de la cartaque también publicara en el diario La Nación el 15 de octubre de 1879, conmotivo de su cesantía motivada, precisamente, por la publicación de aquellosartículos referidos a la delincuencia.
Esto nos permite inferir que en su paso por la policía, tuvo la oportunidad deconocer de cerca la vida, las costumbres y el habla de los malvivientes de sutiempo. Seguramente durante esos años debió escuchar muchas de las nuevasexpresiones que muy posiblemente ingresaron al habla lunfarda durante la décadade 1870. A este respecto Luis Soler Cañas (Orígenes de la Literatura Lunfarda/EdicionesSiglo Veinte, 1965) menciona la Comunicación Nº 63 de la Academia Porteña delLunfardo donde se documenta que en periódicos de la ciudad de Dolores,aparecieron entre 1877 y 1878 términos como espiantado, farra y otario. En lamisma Comunicación su autor, el prestigioso historiador don Ricardo M. Llanes,menciona el uso de la palabra peringundin en la columnas del diario La Capitalde Rosario en 1875.
No es aventurado suponer que muchas de las palabras que engrosaron el lunfardo,pudieron provenir de los pueblos del interior. En 1869 se realizó en el paísel primer censo de población organizado con criterio moderno y a partir de allíes posible seguir el crecimiento demográfico con datos fehacientes. Entre 1871y 1880 ingresaron al país 260.885 inmigrantes, muchos de los cuales poblaron lacampaña bonaerense.
Esto da sustento a la tesis de Gobello sobre la posibilidad de que la mayoríade los vocablos lunfardos, sean voces importadas sometidas a mudanzas yenriquecimientos por el uso y el cruce con palabras y modismos propios del país.No es aventurado sostener que su proceso de incorporación al habla popular,haya ocurrido tanto en los coventillos de Buenos Aires, como en los boliches dela campaña y en las cárceles, sin constituir en su conjunto, una jergaprofesional del delito. Por 1915 don Luis C. Villamayor (El lenguaje del BajoFondo) esgrimía similares argumentos:
El bajo fondo no es solamente donde proliferan los vocablos perversos yprohibidos...El lenguaje de los delincuentes es un desprendimiento de la lenguacomún de la cual se nutre y vive.

Es muy posible que el verbo atorraringresara al habla cotidiana en la década de 1870 junto con morfilar -ambosmencionado por Lugones en su artículo de 1879- que estaba en boga en los pagosde Dolores por 1875.
Pero aún así, resta la ímproba tarea de pesquisar sus orígenes.


* Una pista para tener en cuenta

Un indicio nada desdeñable aparece enel Diccionario de Argot de Juan Manuel Oliver -segunda edición aumentada-editado en Madrid s/f, que trae el siguiente comentario:
Viejos de los torraos (o torrados). Expresión despectiva hacia el anciano aque se aplica y que generalmente encarece lo desproporcionado entre su edad y elcomportamiento que mantiene. Seguramente el origen de esta frase hallarelacionado con el viejecillos que para ayudarse a subsistir cuando ya no podíanrealizar trabajos habituales, vendían torrados (garbanzos tostados) y otrosfrutos secos en tenderetes o de modo ambulante por las calles.
Esta definición prefigura, de algún modo, a los vagabundos que a fines delsiglo anterior ambulaban de pueblo en pueblo por nuestra campaña bonaerense ysobre los cuales Gobello (Lunfardía/1953) apunta con mucho reparo, este otroconato etimológico de bastante circulación:
...en los almacenes de fin de siglo, cuando aparecía algún desocupado enbusca de trabajo, lo empleaban en torrar café. Se dice que por entonces todoslos almacenes ofrecían el espectáculo de un sujeto mal entrazado, junto a latostadora a quien porque torraba el café, lo llamaban atorrante. El veneabledon Julio Castellanos me aseguró que las cosas fueron así...
Gobello objeta que en tal caso el verbo atorrar debió significar tostar yno dormir, pero es posible que la versión se hubiese deformado con el correrdel tiempo.
Hace unos quince años similar historia me fue narrada en Chascomús, pero conuna variante que subsanaría las objeciones de Gobello. Se me dijo que losvagabundos recibían permiso en los almacenes para dormir sobre las bolsas decafé a cambio de su trabajo de tostado; de allí habría nacido el verboatorrar con esa significación.
Es una inquietante posibilidad que expongo sin ninguna certidumbre aunque,innegablemente, abre un nuevo camino para la investigación.

 Artículopublicado en la Revista CLUB DE TANGO Nro.`16 octubre-noviembre-diciembre  1995

Fuente: http://www.clubdetango.com.ar/articulos/atorrante_ref.htm