PROVINCIA DE LA PAMPA
La Provincia de La Pampa es uno de los estados más jóvenes de la República Argentina, ya que accedió al reconocimiento político en 1952.
Se ubica en el centro del país, absorbiendo las últimas caracterizaciones de la pampa húmeda bonaerense -al extremo noreste- y los signos distintivos de la Patagonia, en la mayor parte del resto del territorio, configurando una bisagra geográfica que la acción de los pampeanos transforma en un puente solidario de integración de nuestro país.
Tiene una superficie de 143.440 km2, que representa el 6% del total nacional y una población de alrededor de 300 mil habitantes, según el Censo 2001, en crecimiento paulatino, revirtiendo un proceso expulsor de población, que caracterizó su territorio en décadas pasadas.
A partir de su capital Santa Rosa, las distancias a los centros importantes del país son las siguientes: Buenos Aires 607 km., Rosario 608 km., Córdoba 610 km., Mendoza 800 km., Bahía Blanca 327 km., Viedma 602 km., Neuquén 534 km.

Su situación geográfica redunda en una serie de ventajas:

Tiene una posición estratégica con respecto al resto de las provincias y a los grandes puertos que relacionan al país con el continente americano y el mundo.
Esta favorable posición le permite a la Provincia estar en contacto permanente con los mercados más importantes y desarrollar una comunicación fluida y un intercambio comercial y cultural constante con las provincias del norte, los oasis cuyanos, el resto de la Patagonia y el litoral atlántico.

LA PAMPA EN LA PATAGONIA

Una caracterización:

"... la baja densidad de población, el clima, el suelo, la flora y la fauna de las dos terceras partes del territorio pampeano definidos como árido o semiárido, el producto bruto geográfico donde impera el sector primario, nos define como provincia con características netamente patagónicas."

Una historia:

" Pero por si esto fuera discutible creo que somos Patagonia porque hay todo un pasado común por nuestros indígenas, por una misma operación militar de conquista, una colonización y un posterior despoblamiento que es similar y en algunos casos idéntico. Porque existe además un presente cargado de carencias, dificultades y deficiencias que nos preocupa al conjunto. Porque este desierto sin poner en producción plena, y estos espacios vacíos no sólo nos duelen sino que hacen tremendamente vulnerable nuestra soberanía." (Luis Roldán. "La PamPatagonia").

Una vocación:

"... muchas vivencias geográficas se encuentran en los protagonistas de la geografía: los hombres. Entre ellas la vocación regional, en forma de sentido de pertenencia".
"... la geografía puede concebir la regionalidad como el espacio donde habitan los que se consideran adscriptos a una región. Y, como es sabido, la mayor parte de los pampeanos se sienten patagónicos". (Fernando Aráoz. "La Pampa Total").

NUESTRA GEOGRAFÍA

UBICACIÓN

Como se ha expresado, la provincia de La Pampa, tiene una posición mediterránea, siendo sus puntos extremos:

NORTE: Paralelo de 35º Sur entre los meridianos de 63º 23' y 65º 07 Oeste.

SUR: Punto trifinio con las provincias de Buenos Aires y Río Negro.

ESTE: Meridiano de 63º 23' Oeste, entre los paralelos de 35º y 39º 11' Latitud Sur.

OESTE: Meridiano de 68º 17' Longitud Oeste entre los paralelos de 36º y 36º 11'.

CLIMA

La provincia de La Pampa integra el dominio de los climas templados y semiáridos. 
En el sector nororiental del territorio se registran los mejores niveles de precipitación, existiendo también buenos suelos y temperaturas agradables que han permitido el asentamiento de la mayor parte de la población con el mayor desarrollo productivo.
Hacia el oeste y sudoeste, disminuye el nivel de precipitaciones y calidad de los suelos, siendo las amplitudes térmicas muy pronunciadas, típicas de los climas continentales.
Las condiciones rigurosas del medio se acentúan en el extremo oeste, donde sólo es posible la ganadería de cría intensiva, la agricultura bajo riego y la actividad minera. 

RELIEVE

Debe apuntarse que la Provincia no constituye una unidad geológica, morfológica, hídrica o climática, sino que participa de regiones que a su vez corresponden a otras provincias. Se han estimado regiones fisiográficas, cuya síntesis es la siguiente:

1) SIERRAS: Son de rocas desgastadas. Sus alturas varían de 600 m. en las Sierras de Lihué Calel (ubicadas en el departamento homónimo) a 1.088 m. sobre el nivel del mar en el Cerro Negro (Departamento Chical Có). 

2) MESETAS: Existen 2 tipos: el de la meseta basáltica, relacionada con erupciones volcánicas y el de las mesetas residuales (correspondientes a la unidad geomorfológica de los médanos y mesetas residuales) como la de Luan Toro que tiene una diferencia con el medio circundante de unos 20 m. Bajo esta categoría existen otras ubicadas en los grandes valles, y en los cerros mesa, del extremo S.E.

3) LLANURA: Se localiza en el ESTE, siendo su fisonomía similar a la que presenta la provincia de Buenos Aires.

Su horizontalidad no se ve modificada por depresiones o elevaciones relevantes. En general, está cubierta por un manto arenoso continuo que se apoya en una base calcárea (tosca) entre los 6,80 y 3,00 m. de espesor.

4) VALLES: Se disponen en forma de abanico a partir del centro de la Provincia, con una dirección NE-SO. Los principales de N a S son: Nerecó, del Tigre, Chapalcó, Quehué, Utracán, Quiñi-Malal, Maracó Chico, Chilhué, Maracó Grande y Hucal.

La hidrografía, fitogeografía, población, economía, etc. serán desagregadas en los correspondientes campos de investigación.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS 

Los últimos hallazgos arqueológicos de Casa de Piedra testimonian la presencia del hombre en La Pampa desde hace 9.000 años.
Los primeros pobladores del territorio, como sustrato étnico y prehistórico, fueron grupos tehuelches cuya distribución se extendió por gran parte de la Patagonia, incluyendo la actual provincia de La Pampa. 
Los tehuelches, que dieron el sello a la primera etapa del período indígena, anterior al 1800, no tuvieron un dominio fuerte en el territorio. Su economía natural se sustentó en la caza de guanacos y choiques (ñandú) y la recolección de frutos silvestres. Se desplazaron por una dilatada geografía sin dejar rastros perceptibles, más allá de algunos testimonios de menor significancia.
El segundo período indígena tiene su apogeo entre los años 1834 a 1873, cuando grupos de mapuches o araucanos provenientes de Chile, realizaron la araucanización de los grupos autóctonos. Merced a la incorporación del caballo como medio de movilidad, se adentraron en este territorio, para implementar una economía basada en el pillaje y el saqueo a las estancias bonaerenses y conformaron los asentamientos aborígenes en lugares con abundante agua dulce, pasto, leña, sal, etc.; como Salinas Grandes (dominio de Calfulcurá), Leuvucó, Montes de Toay, etc..
Los ranqueles o ranquelinos ("gente de los carrizales") eran reconocidos en el año 1700. Eran agricultores cazadores de a caballo y realizaban el trueque con otras etnias. Su contacto con los tehuelchues y la similitud linguística con los mapuches los tornó un grupo heterogéneo.
Las campañas militares realizadas durante la Conquista al Desierto marcaron el ocaso del período indígena (año 1879), unos combatidos hasta el exterminio y otros condenados a la marginación y confinamiento en el desierto. 
El poblamiento moderno comprende dos etapas:
a) La primera oleada pobladora (1880 a 1899): Se inició con la mensura de las tierras y el establecimiento de la red catastral. Se trata de inmigrantes nacionales procedentes de las provincias de San Luis, Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Santa Fé. La mayoría eran peones de estancias bonaerenses e indígenas apaisanados.
La fuerte inmigración española que se registró a fines de la etapa, imprimió cambios que modificarían sustancialmente el paisaje y la identidad pampeana.
b) La segunda oleada pobladora comienza a principios del presente siglo, representa la "época de oro" de la colonización agraria y se refiere a la fuerte inmigración europea que llegó a poblar nuestras tierras, siendo el principal destino el sector oriental.
Debido a las leyes nacionales de inmigración, que pasaron del sistema de colonización al de arrendamiento, nuestro territorio se convirtió en receptor de numerosos grupos de inmigrantes que huyendo del hambre, la miseria y la persecución ideológica y social se aventuraron a la conquista de nuevos horizontes.
Llegaron españoles, italianos, alemanes del Volga, franceses, judíos, árabes, vascos; con el propósito de trabajar un extenso territorio. Muchos, al no poder ser dueños de la tierra por el injusto sistema de arrendamiento, que privilegiaba la posición de los grandes latifundistas, regresaron a sus países de origen o migraron a las grandes ciudades.
Simultáneamente con el tendido de las líneas férreas surgen muchos de los pueblos de la Provincia.
Desde el punto de vista cultural, y si se quiere espacial, se manifiesta una clara diferenciación, entre el Oeste cuyo sustrato tiene origen criollo, y donde aún se conservan elementos de la cultura aborigen, y el Este, la pampa gringa, la del inmigrante.
Con la paulatina valorización de las tierras, las actividades extensivas referidas a la economía pastoril, fueron convirtiéndose en comerciales: cría de ganado vacuno, monocultivo de trigo, etc.
En los últimos años la población de La Pampa ha recibido un último aporte de inmigrantes provenientes de provincias vecinas -especialmente Buenos Aires, Córdoba y Mendoza- como consecuencia de la caída de las economías regionales y crisis de sus productos.

RASGOS CULTURALES 

La cultura institucional de La Pampa nace de las últimas etapas del poblamiento, que se traduce en una minoritaria herencia aborigen y una adaptación de culturas europeas a un medio no siempre semejante al de su lugar de origen.
Así se perfila la pampeanidad, sobria por sus orígenes, ruda por su crecimiento, agreste por su medio, rica resultante de variados aportes.
Su patrimonio cultural se expresa en manifestaciones que es posible observar, entre otros sitios, en las reservas naturales de Parque Luro y de Lihué Calel; en las colecciones de restos líticos exhibidas en los museos provinciales, producto de investigaciones arqueológicas; en las pinturas rupestres de Quehué y de Lihué Calel; en la Manzana Salesiana de General Acha, expresión de una congregación religiosa, que tuvo ingerencia en la Patagonia; en los pisaderos de Victorica, como área de constitución de la primera planta urbana de La Pampa; en el Teatro Español de Santa Rosa y en el núcleo fundacional de Toay, por su valor arquitectónico; en las lagunas diseminadas por la Provincia que presentan valor histórico y arqueológico importante como Salinas Grandes.
A las expresiones naturales y a las materiales del hombre se debe sumar las del espíritu, las de la creatividad humana en el mundo del arte, las letras, las artesanías. La escala temporal muestra cómo la expresión en este sentido se va perfilando en La Pampa con un carácter propio. Al principio la literatura y la plástica cumplían, en gran medida una función documental. La vastedad de la naturaleza configuraba en sí un escenario mítico. Lo fantástico residía en la experiencia tangible. La música, como siempre ocurre, acompañó las vicisitudes de los migrantes, los cuales hallaron en su medio a los payadores, los que cantan leyendas, mitos y las propias experiencias de la vida. Con el correr del tiempo en una sociedad más consolidada, aparecen los artistas que se preguntaron cómo enunciar lo que ven y sienten cada día y nace una necesidad estilística, un enfoque particular, y con ellos un documentalismo que plasma al paisaje desde una óptica impresionista, precedido por la figura humana y un fuerte dinamismo cromático. La literatura continúa poblada de fenómenos naturales y la dimensión envolvente de la llanura, pero ahora el hombre es su protagonista central. Indudablemente el escritor toma conciencia de su condición de latinoamericano. El relato breve y la poesía lírica prevalecen sobre la novela.
Los escritores, plásticos y músicos se organizan y agrupan, impulsados por la necesidad de indagar su propio devenir cultural. Los músicos abrevan en la poesía regionalista y comparten obras de carácter folclórico en las que se advierte la presencia de música cuyana y del sur argentino. A su vez, y sucesivamente, estas obras se tornan cada vez más estilizadas y, por ende, más originales. A pesar de que el jazz, el rock y la música clásica han cobrado últimamente un tono relevante, es en el folclore donde se pasa, sin intervalos, de la interpretación al hecho creativo.
En la expresión pictórica se observa una mayor multiplicación de las tendencias: desde el impresionismo figurativo y abstracto, pasando por nuevos tratamientos del paisaje hasta la inclusión de signos geométricos asimilados de las pinturas rupestres.
Dentro de la literatura, hay una fuerte tendencia a relevar el pasado histórico. Otra minoritaria, hace del ejercicio de la escritura una forma de conocimiento y práctica artística.
En las artesanías perviven elementos de las culturas aborígenes imbrincados con los aportes culturales criollos y europeos.
 
LA GENTE
La Pampa está revestida de una historia poco conocida, pero que se mide en centurias, milenios si se remonta a la prehistoria. Por La Pampa transitaron los primeros habitantes de América del Sur, siguiendo las inmemoriales rutas del agua y allí vivieron su epopeya los grandes cacicazgos de tronco mapuche, salineros y ranqueles... que jalonaron y condicionaron la historia argentina en el siglo pasado. Tras la guerra hubo una épica de cincuenta años de apellidos, en el color de los cabellos de la gente.

A las despobladas pampas acudieron alemanes, judíos, italianos, franceses, ingleses, irlandeses, españoles, árabes..., aquí fundieron sus esencias, sus maneras de ser, lenguas, costumbres, casas, alimentos, artesanías, labores. En tres generaciones sedimentaron y de pronto quienes viven en esta tierra vieron con sorpresa que se había construido nada más y nada menos que una cultura.

La comida es un o de los rasgos más sobresalientes. La cocina pampeana tiene como plato tradicional el asado criollo a leña de piquillín y con cuero. En el oeste es posible saborear un hígado envuelto en su propia grasa, a la parrilla. Es también frecuente la carbonada de origen español y los pucheros, infaltables en la mesa pampeana. 

De tantos rumbos eran las llegadas de argentinos a estas tierras, que los sabores de la empanada fueron cruzados sin que llegara a definirse la empanada pampeana que sí se prepara con variaciones. 

Las pastas italianas marcaron la tradición culinaria pampeana, tallarines, canelones, ravioles, agnelottis son corrientes, con la diferencia de sus originales peninsulares: sus salsas sabrosas y variadas le quitan la condición de "pasta seca". 

Alemanes y rusos incorporaron la leche a la carne, fideos y harina generando una cocina altamente alimenticia. los fiambres según los historiadores son productos de la hambruna y expresan el aprendizaje de la lección de guardar en la abundancia para tener en la escasez. Otras especialidades tradicionales son el asado de potranca, un piche al rescoldo, una vizcacha en escabeche.
 
Fuentes: http://www.turismolapampa.gov.ar/GENERALIDADES/LaGente.htm y http://www.lapampa.gov.ar/Introduccion1.htm#ANTECEDENTES%20HISTORICOS    
Mañana: PROVINCIA DE LA RIOJA

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