El regreso del cambalache

Por Dante López Foresi

Poco a poco se va corriendo el velo. La “lucha” del “pueblo” empieza a dar sus primeros frutos. A las imágenes grotescas de Cecilia Pando embarcada en la misma lucha de Raúl Castells y las batallas codo con codo de Luciano Miguens junto con la Corriente Clasista y Combativa, sumadas a las opiniones congruentes de Mariano Grondona y Vilma Ripoll, empiezan a sumarse actores y actrices que sonríen ante las cámaras recordando antiguos “éxitos”. Luis Barrionuevo toma el micrófono de nuevo, para afirmar sin ruborizarse que solo es "recontrachupamedias" de los trabajadores. A su lado, Chiche Duhalde jura y perjura que su esposo no aspira a ningún cargo. El ex cuñado de Esther Goris, Adolfo Rodríguez Saá canta a dúo con Felipe Solá. Mientras Elisa Carrió trata de convencer a Jorge Asís que Dios en persona la persuadió de que el campo triunfará. La Iglesia bendice las protestas, mientras los viejos muertos sacuden el polvo de la derrota preparándose para un nuevo arribo al poder. Longobardi pontifica sobre el campesinado argentino y su reforma agraria "fiscal", mientras los “progres” Tenembaun y Zslotowiazda elevan a Alfredo De Angeli a la categoría de líder carismático, poniéndose ante las cámaras que les presta el Grupo Clarín una careta del agropecuario lanzada al mercado por algún avivado nostálgico de la década menemista. El elenco se va conformando, mientras el glorioso pueblo argentino cuestiona que una esposa presidente duerme y escucha demasiado a su marido y esas viejas con pañuelos blancos no nos dejan mirar al futuro. José Manuel de la Sota se olvida de su pasado progresista del peronismo de los 80 y eleva su tonada graciosa ante el poder omnipresente del cual, claro, él jamás formó parte. Patricia Bullrich le enrostra al Canca Gullo su estirpe aristocrática, mientras Majul castiga a D´Elía. pero no se anima a interrumpir jamás a ningún defensor de la “patria agraria”. Al espectáculo no se le conoce aún guionista, pero los actores saben mucho de improvisación. María Laura Santillán "sesea" nerviosa e insoportablemente, informando “Sobre eSte conflicto produCido por CriStina y Su eSposo  que por Soberbia no SuSpenden las retenCiones”. Santo Biassati sigue simulando su seria y solemne valentía, para que el pueblo argentino se solidarice con los productores agropecuarios, así de paso se olvida que él mismo fue “productor”, pero del recordado Fondo Patriótico. Magdalena está en su salsa. Solo lamenta no poder salir –por pudor- a golpear diariamente su “cacerola de teflón”. Los progresistas de la prensa preparan puntillosa y –tal vez- inconscientemente el nuevo desembarco de los muertos-vivos previos al 2001. Mientras tanto, idealistas honestos e inteligentísimos como Adrián Pérez, Claudio Lozano o Eduardo Malacuse miran atónitos a los costados no entendiendo bien como llegaron a compartir tribunas con la derecha más desopilante y a la vez peligrosa del país. Otro actor recién llegado al teatro, Julio Cobos, esa ameba política que solo logró cierta trascendencia al acompañar por fuera de su partido a una mujer que hoy es presidente, hace esfuerzos por aprender ese arte tan radical denominado traición. Los sanos y bien intencionados reclamos de gran parte de los pequeños productores del agro, mezclados con los conceptos de traición, incoherencia, oportunismo y aprovechamiento no pueden llegar a buen puerto. El triste espectáculo de la capitulación argentina está en pleno desarrollo. Mientras tanto, Kostecki y Santillán siguen gritando desde el puente....”QUE SE VAYAN TODOS”.

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