El Señor de Renca

Renca es una antigua población de San Luis, situada en el complejo montañoso del noreste de la provincia, en el departamento de Chacabuco, a orillas del poderoso río de su mismo nombre, que en otros sectores de su recorrido es conocido también como río Conlara o Santa Rosa. El pueblo se levanta en un valle serrano y de ensueño, Concarán, que declina suavemente hacia el oeste.
 
Renca es voz mapuche y su significado está vinculado al nombre de hierbas andinas, cuyas flores son de color amarillo, o quizás, como interpreta Urbano Núñez, severo investigador de su historia, a hierbas que mantienen su color verde a lo largo del año.
 
Anualmente concentra la atención de los fieles de la región cuyana y aun de Chile, al celebrar el 3 de Mayo la fiesta que le ha dado un lugar prominente en el calendario folklórico nacional.
 
Cuenta la leyenda que un indio ciego hachaba un espinillo en un bosquecillo cercano a Renca (cerca de Limache, Chile), cuando sintió su rostro salpicado por la goma o savia del árbol. Repentinamente recuperó la vista, arrojó el hacha y se puso a buscar lo que le había causado aquella sensación rara, tropezando con un pequeño Cristo en el hueco carcomido del árbol. La noticia de la milagrosa aparición cundió rápidamente en todo Chile afluyendo mucha gente para dar fe del prodigio. Los más piadosos resolvieron hacerlo conocer en Cuyo y en Córdoba, poniéndose en marcha a través de la Cordillera con el Cristo cargado sobre una mansa mula. En cada población donde llegaba era colocado en la Iglesia y daba origen a grandes ceremonias religiosas, al final de las cuales el indio hacía una colecta de dinero para erigirle un santuario. Al atravesar el río Conlara, camino a la bella ciudad de Córdoba, la mula que cargaba la Sagrada Imagen se echó, y de allí no hubo poder humano que la hiciera levantar. Los creyentes interpretaron que allí quería quedarse el Cristo y se pusieron a levantarle una capilla por el año 1745. Ese lugar tomó el nombre del Señor de Renca que ha conservado hasta ahora.
 
En uno de sus terribles malones, los indios llegaron hasta esa villa y después de saquearla, buscaron con afán ese Señor del que tanto se hablaba. Al dar con Él, lo sacaron a la plaza, lo lancearon y por fin lo degollaron arrojando sus pedazos en la tierra. En cuanto se retiraron los invasores, los vecinos recogieron los restos dispersos del amado Cristo, y perfectamente reconstruido lo han conservado hasta el presente como una reliquia sagrada e histórica. Durante la invasión de 1834, encabezada por el cacique Yanquetruz, los indios penetraron en Renca, Santa Bárbara y bajaron a Carolina, atraídos por la fama de las minas y de su comercio. Los vecinos pusieron a salvo la imagen llevándola a Las Lagunas (partido de Guzmán), y una vez pasado el peligro el Señor de Renca volvió a su capilla.
 
Renca se puebla de fieles cuando se acerca la fecha de la celebración. Los peregrinos superan las cinco mil almas. Carpas y ramadas se levantan para proporcionarles baratijas, imágenes del Señor de Renca y de algún "Santo" popular, crucifijos, rosarios y alimentos tradicionales.
 
El día 3 de mayo se celebran varias misas, y al caer la tarde se lleva a cabo la procesión en la que hombres y mujeres de todas las edades y de las más variadas condiciones sociales hacen su balance espiritual y piden felicidad para ellos y los ausentes, formulando promesas que cumplirán si el Milagroso Señor de Renca pone sobre ellos la protección implorada.  Mientras caminan detrás de la Sagrada Imagen, musitan con la hondura de la plegaria más pura:
 
Me'i desgajao en las piedras
me'í espinao en las pencas...
por vos solito ei venío
milagroso Señor Renca.

Fuente: http://ar.geocities.com/argentinamisteriosa/

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