Teatro Colón
Antecedentes de la actividad musical en Buenos Aires

 Los espectáculos teatrales en Buenos Aires se iniciaron a fines del siglo XVIII. En tiempos del Virrey Vértiz, se construyó el Teatro de la Ranchería, en la esquina de Perú y Alsina. Allí se estrenó, en 1789, la primera versión de Siripo de Manuel José de Labardén. Como complemento de los dramas y comedias, se ofrecían tonadillas –como se hacía en España– que cantaban las actrices y los actores con acompañamiento de guitarra y concluían con el baile de boleras y seguidillas. El Teatro de la Ranchería, o Casa de Comedias, fue destruido por un incendio en agosto de 1792. Hasta la construcción del Teatro Coliseo en 1804, Buenos Aires permaneció sin teatro, pero la actividad se realizaba en cualquier lugar adecuado y accesible a la concurrencia.
Las primeras manifestaciones de teatro lírico comenzaron a principios del siglo XIX. Después de la Revolución de Mayo, se inició una intensa actividad musical. Antonio Picassarri –pianista, cantante y director de orquesta– introdujo el canto operístico y sobre la década del ’20 llegaron los primeros artistas europeos. Recién en 1825, se formó la primera compañía lírica y pudo ofrecerse en Buenos Aires una ópera completa, Il barbiere di Siviglia.
Los problemas políticos del gobierno de Rosas alejaron a los artistas, pero, a partir de 1848, la actividad cobró nuevo impulso. Las representaciones se realizaban en el Teatro de la Victoria, en el Teatro Argentino y en el modesto Teatro Coliseo. Las temporadas incluían títulos de Verdi, Bellini, Donizetti, de acuerdo con la moda imperante en Europa.




El primer Teatro Colón

El 27 de abril de 1857, se inauguró el primer Teatro Colón, con una puesta de La traviata. Estaba ubicado frente a la Plaza de Mayo, en la esquina sudoeste de la manzana comprendida entre Rivadavia, Reconquista, Bartolomé Mitre y 25 de Mayo. Los planos fueron confeccionados por el Ing. Carlos E. Pellegrini –padre del futuro Presidente de la República–. Su capacidad estaba calculada para 2.500 personas.
En la construcción del primitivo Colón se utilizaron, por primera vez en el país, tirantes y armazones de hierro. La multitud de candelabros y la araña central de 450 luces eran alimentadas a gas. El escenario, el más amplio que se construyera hasta esa fecha, estaba dotado de todos los elementos necesarios para las grandes puestas escenográficas.
En sus tres décadas de existencia, el antiguo Teatro Colón, que debió cerrar sus puertas en 1888 para transformarse en la sede del Banco de la Nación Argentina, presentó a los más famosos cantantes de la época – Enrico Tamberlick, Giuseppe Cima, Sofía Vera-Lorini, Giuseppina Medori, Federico Nicolao, Julián Gayarre, Adelina Patti y Francesco Tamagno– y desarrolló un repertorio que aún hoy sigue llamando la atención por su amplitud y eclecticismo y que incluía estrenos de óperas alemanas, que eran cantadas en italiano, tal como ocurría en algunos países europeos.


El actual Teatro Colón


Cuando el antiguo Teatro Colón realizaba sus rutilantes temporadas líricas, el Teatro de la Academia de Música de Nueva York, activo en su sede de la calle 14 desde el año 1849, y la desaparecida la Ópera Metropolitana de Broadway, nacida en 1883, realizaban temporadas líricas limitadas, virtualmente, al repertorio alemán, que resultaba económicamente más viable que las óperas con estrellas vocales de Italia, España y Francia. Hacia fines del siglo pasado, las óperas italianas y francesas que se representaban en ambos teatros neoyorquinos solían ser cantadas en alemán con artistas de ese origen. Todo ello establecía un fuerte distingo entre las actividades operísticas porteñas, que se realizaban paralelamente en varias salas, y las de Nueva York, distingo que se acentuaba por la diversidad del repertorio abordado por nuestros teatros líricos y por la envidiable calidad de sus intérpretes.
 

El actual Teatro Colón nace, por lo tanto, de la imperiosa exigencia de una sociedad que desde el temprano siglo XIX ha consagrado a la ópera como su manifestación musical predilecta. El gusto por esa suprema invención del tardío Renacimiento, había alcanzado en Buenos Aires a fines del Ochocientos un auge deslumbrante, al punto de que siete teatros rivalizaban en calidad de oferta. Pero el inesperado cierre del Teatro Colón de la Plaza de las Victorias había quedado en el espíritu de la sociedad como una herida abierta que no lograba mitigar la fascinante actividad que se desarrollaba en los otros teatros y que hacía de la lejana Buenos Aires uno de los notables centros líricos del mundo entero. La prosperidad de esta capital alimentaba las esperanzas de la gente y del propio gobierno, que no hacía oídos sordos a ese clamor. Por lo demás, el proyecto de construír un teatro que reemplazara al primitivo Colón había sido materia de debate antes de que el edificio de este último fuera destinado a las actividades bancarias. Ya en esa época los terrenos que ocupaba la estación Parque del Ferrocarril Oeste (y en los que en definitiva se elevó el nuevo teatro) estaban en la mira del Concejo Deliberante de la ciudad. El mismo año del cierre del Teatro de la Plaza de las Victorias, el 20 de octubre de 1888, era sancionada la ley que llevaba el número 2381, por la cual se llamaba a licitación pública para construír el nuevo teatro. El propósito de las autoridades era inaugurar el nuevo Colón antes del 12 de octubre de 1892; pero, como sabemos, ello no fue sino una ingenua expresión de deseos, pues, si bien los trabajos se iniciaron en 1889, desde la fecha en que fue dictada la ley y la inauguración del nuevo teatro transcurrieron veinte años. Dificultades presupuestarias, técnicas, políticas, meramente burocráticas y otras de diverso género fueron anudándose en ese prolongado lapso. Finalmente, la obra dio comienzo según el proyecto del arquitecto Francisco Tamburini, a cuyo inesperado fallecimiento entró en escena su más cercano colaborador y colega Víctor Meano, quien hubo de introducir algunas modificaciones en el proyecto original, que ya habían sido estudiadas por su autor. Refiriéndose a la arquitectura del nuevo teatro, Meano la definía de este modo: “Este género que no llamamos estilo por demasiado manierado, quisiera tener los caracteres del Renacimiento italiano, alternados con la distribución y solidez de detalle de la arquitectura alemana y la gracia, variedad y bizarría propias de la arquitectura francesa”. En esta dirección fue realizándose la obra hasta 1904, año en que otro infausto acontecimiento enlutó el teatro en ciernes: la muerte del arquitecto Meano, bajo cuya dirección la obra avanzaba firmemente en pos de las postreras etapas. La tragedia parecía acechar este proyecto, pues también había fallecido Ángel Ferrari, entusiasta empresario italiano, concesionario del nuevo Colón.
El eminente arquitecto belga Jules Dormal asumió entonces la responsabilidad de llevar a buen término la obra, en la que introdujo algunas modificaciones estructurales y dejó definitivamente impreso su sello en el estilo francés de la decoración. La imponente construcción resume las reglas y las tendencias arquitectónicas de la época. No podría darse síntesis más acabada del eclecticismo con que fue encarada la arquitectura del Teatro, en la que se ensamblan de manera tan natural, tan coherente, tan armoniosa estilos diversos, incluyendo en la fachada rasgos del neogriego. El exterior es imponente pero no grandioso. “Sin tener aspecto de masas colosales, demasiado severas, que solamente convienen a edificios destinados al culto político religioso –escribe Meano– él se presentará con aspecto simple y variado, alegre y majestuoso a la vez. Nuestro edificio tendrá el privilegio de indicar a primera vista su propio destino.”
 



Características generales del edificio

El edificio está ubicado en el predio delimitado por las calles Libertad, Arturo Toscanini, Cerrito y Tucumán, entre la Plaza Lavalle y la Avda. 9 de Julio. El terreno sobre el cual está construido abarca 8.202 metros cuadrados, de los cuales 5.006 corresponden al edificio y 3.196 a dependencias bajo nivel de la calle Arturo Toscanini. La superficie total cubierta del edificio es de 37.884 metros cuadrados.
Las fachadas están divididas en tres órdenes arquitectónicos. El primero, que corresponde a la base, es de 8,50 metros de altura; el segundo mide 9,20 metros, y el tercero es de 5,50 metros. Por encima de las terrazas se destaca un elegante techo a dos aguas. Es un conjunto armónico y con excelente perspectiva que puede apreciarse a distancia, desde la Avda. 9 de Julio.

Distintos accesos facilitan el tránsito de los espectadores. Por la entrada principal, sobre la calle Libertad, se ingresa a la platea y a los palcos. Por Arturo Toscanini, a los niveles de cazuela y tertulia, y por Tucumán a galería y paraíso. Dos importantes marquesinas fueron colocadas después de su inauguración; una en la entrada de Libertad y otra en la de Cerrito. Esta última destinada al ingreso de los artistas y del personal.

En la construcción –exquisitamente decorada– se conjugan elementos del Renacimiento italiano. Basamentos sobrios, bien definidos, semejantes al orden ático-griego que constan de planta baja y primer piso; intercolumnios monumentales –con capiteles jónicos y corintios– y sus multiformes variantes unifican los pisos segundo y tercero; los vanos y aberturas están tratados con arcos, arquitrabes y molduras del más rico diseño. No se puede hablar de un estilo definido, sino de un estilo ecléctico que fue propio de la construcción de principios del siglo XX.



Entrada principal

 
El gran hall de entrada, con su magnífico mármol de Verona, sus notables estucos símil mármol, los vitrales de la cúpula y la escalinata que conduce al foyer de plateas; el Salón de los Bustos y el llamado Salón Dorado, en el piso noble, son dechados de lujo y refinamiento. Desde los laterales de la escalera principal se accede al Pasaje de Carruajes, pequeña calle interior que comunica Toscanini con Tucumán, y por la que antiguamente se ingresaba al foyer principal. Desde 1997, la Boletería se ubicó en instalaciones que dan a este pasaje.

En la ornamentación se utilizó mármol de primera calidad y de distinto origen. La escalinata (o escalera de honor) es de mármol blanco de Carrara y las barandas que la circundan son de mármol de Portugal. Al pie de la escalera –a ambos lados– las barandas terminan en dos cabezas de león talladas a mano en piezas completas. El último tramo de la escalinata, de planta semicircular, da acceso a la galería que conduce –también a ambos lados– a las escaleras que llevan al primer piso. Las barandas están ubicadas sobre el lado exterior de ambas escaleras; del otro lado, los basamentos están revestidos en mármol negro de origen belga. En el primer descanso, el visitante se enfrenta con dos magníficos vitrales con motivos alegóricos que sirven de cabezales al Salón Dorado.




El Salón de los Bustos
Ubicado sobre el foyer de platea, y de iguales dimensiones, está tratado, como el hall principal, con basamentos de mármol –similar al de las escaleras de honor– de donde nacen las columnas y las pilastras con paramentos que imitan el mármol botticino. El nombre de este foyer se debe a las figuras escultóricas de famosos compositores que forman parte de la decoración. Distribuidas en una monumental cornisa, profusamente adornada con oro laminado, se encuentran los bustos de Beethoven, Bellini, Bizet, Gounod, Mozart, Rossini, Verdi y Wagner. Desde los ventanales puede observarse el gran hall de entrada, los frisos que adornan el amplio recinto y el gran techo con vitrales.
 
   



El Salón Dorado
 


Desde ambos extremos del Salón de los Bustos se accede al Salón Dorado, que ocupa todo el frente que da a la calle Libertad y los dos ángulos de las calles circundantes, con una extensión total de 442 metros cuadrados. Enormes columnas talladas con profusión de detalles en oro, altos espejos que lo asemejan a los grandes salones de los palacios de Versailles o de Schoenbrunn, confieren a esta dependencia un especial atractivo. Los muebles franceses, con lujoso trabajo de marquetería, sillones y sillas tapizadas en color rosa pálido y una serie de grandes arañas realzan aún más la majestuosidad de este recinto. En este salón suelen realizarse conferencias, conciertos y exposiciones de escenografía, vestuario y fotografía.





Los vitrales

Fueron concebidos en el proyecto de decoración del arquitecto Meano, y realizados por la prestigiosa casa Gaudin de París, en 1907.
En el gran hall forman un conjunto el vitral del centro, y dos vitrales planos sobre los laterales. El primero, en forma de sombrilla octogonal, está enmarcado con un artístico juego de molduras doradas. La luz que se proyecta a través de una elaborada composición multicolor crea un clima acorde con la magnificencia del lugar.
En los cabezales del Salón Dorado hay dos espléndidas realizaciones, de tenues colores, donde se recrean escenas que evocan episodios de la historia y de la poesía de la Grecia clásica. El primero representa a Homero recitando la Ilíada; el segundo, un homenaje de Sapho al dios Apolo. Las escenas han sido producidas con un gran sentido teatral y están hábilmente dispuestas. Los personajes muestran naturalidad en las poses, sobre fondos arquitectónicos de excelente perspectiva, y la transparencia les otorga un mágico efecto.
 
   



Salón Blanco y Palcos oficiales

Desde la galería de los Bustos se pasa directamente al Salón Blanco, decorado con muebles y adornos de estilo francés. Esta sala se encuentra frente a la entrada del “palco bandeja”, llamado también “platea balcón”, que tiene capacidad para 34 personas. Aquí se ubican las autoridades nacionales y sus invitados con motivo de alguna representación especial. El salón Blanco –totalmente alfombrado en rojo y amueblado con sillones de felpa colorada– se utiliza como antepalco y es el ámbito ideal para servir un refrigerio durante el entreacto de las funciones.
En este mismo nivel, al lado de la embocadura de escena, a derecha e izquierda respectivamente, se encuentran el palco privado del Presidente de la Nación y el del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Como el resto de los palcos de los demás niveles –llamados avant scène porque están sobre el foso de la orquesta– estos dos palcos se destacan del resto por estar enmarcados con una importante ornamentación. Pilastras y molduras en oro, culminan en dos importantes figuras alegóricas contrapuestas. Desde ésta perspectiva, ambas líneas de palcos avant scène continúan y se unen en la parte superior en un gran arco (arco del proscenio) que favorece la acústica de la sala. Pinturas inscriptas en medallones, en tenues gamas de rosa y colorado, representan ángeles que sostienen, en diferentes poses, las notas de la escala musical.
Los palcos privados (del Presidente y del Jefe de Gobierno de la Ciudad) tienen capacidad para 20 personas, un recibidor, una sala de estar y dos baños. El palco presidencial posee una salida de emergencia y una línea telefónica directa con la Casa de Gobierno. Las paredes están tapizadas en seda natural y decoradas a tono con el resto de la sala.


La sala

La sala, en forma de herradura, cumple con las normas más severas del teatro clásico italiano y francés. La excelencia de la acústica ha sido objeto de reconocimiento internacional.
La planta está bordeada de palcos hasta el tercer piso. La herradura tiene 29,25 metros de diámetro menor, 32,65 metros de diámetro mayor y 28 metros de altura. Tiene una capacidad total de 2.478 localidades, pero también pueden presenciar los espectáculos alrededor de 500 personas de pie.
Las localidades de Cazuela se ubican en el 4º piso, las de Tertulia en el 5º, las de Galería en el 6º, y las correspondientes a Paraíso en el 7º piso. Esta disposición característica de la época en que fue construido, ha sido trabajada artísticamente para que el aspecto visual de la sala se valorice por la armonía, el buen gusto de los adornos empleados y la coloración lograda en todos los detalles.
En cuanto al color, toda la sala está tratada con el mismo criterio, utilizando tonos cálidos derivados del rojo y del dorado.
La alfombra y el tapizado de las butacas son de terciopelo “sangre de dragón”.
 
A partir de la Tertulia se desarrolla un intercolumnio que continúa la herradura de la planta para sostener la bóveda circular central. En ella está ubicada una magnífica araña de siete metros de diámetro, con 700 lámparas eléctricas, construida en bronce bruñido, que puede ser descendida –para su reparación o su limpieza– hasta el piso de la platea, mediante un sistema mecánico. La araña fue construida en Francia a fines del siglo XIX, y está considerada una magnífica obra de cincelado. Los palcos son abiertos, a la usanza francesa, disposición que permite una mayor visibilidad aún desde un segundo plano. La platea tiene una suave pendiente, y el piso puede levantarse mediante un sistema de ascensores mecánicos. Si se quitan las butacas se puede transformar el recinto en un gran salón.
En el nivel de la platea se encuentran los palcos llamados Baignoires. Estos diez palcos tienen la particularidad de estar cerrados con rejas de bronce, y estaban destinados para los espectadores que guardaban luto o que por alguna otra razón no querían ser vistos por los demás concurrentes. Ya no se usan, y algunos han sido asignados como cabina de sonido para las transmisiones de radio.
Espesos cortinados de terciopelo colorado cubren las entradas a la sala y armonizan con los de los palcos, trabajados en seda natural francesa, de un tono rosado, bordados en la parte exterior y forrados en amarillo oro.
Todos los pisos de la sala están iluminados con artísticos brazos de bronce bruñido y tulipas que forman ramos. Esta cálida luz dorada destaca el resto de la decoración y crea un clima de agradable intimidad.

 



La cúpula
Las pinturas que originalmente había realizado Marcel Jambon se deterioraron, por problemas de humedad, en los años ’30. En la década del sesenta, se decidió pintar nuevamente la cúpula y el trabajo le fue encargado al pintor argentino Raúl Soldi. La obra fue concebida como un “suave ballet policromo...” que representa la vida teatral en diferentes aspectos. Bailarines, cantantes de ópera, actores de la Comedia del Arte, músicos e instrumentos musicales, cubren los 318 metros cuadrados con la gracia de las suaves tonalidades y transparencias que caracterizan al artista. Soldi no trabajó directamente sobre el muro, sino que lo hizo sobre tela recortada en paños que posteriormente se fijaron sobre la cúpula. En homenaje a Jambon, Soldi utilizó un trozo del paño decorado en aquella oportunidad.
 


El escenario

En el primer piso está ubicado el palco escénico, con una inclinación de tres centímetros por metro. Tiene 35,25 metros de ancho por 34,50 de profundidad y 48 metros de altura. Posee un disco de 20,30 metros de diámetro que puede accionarse eléctricamente para girar en cualquier sentido y cambiar rápidamente las escenas. En 1988, se realizaron trabajos de modernización de la maquinaria escénica en el sector de las parrillas. De esta forma, se incorporó nueva tecnología que permitió facilitar el manejo de los decorados y agilizar los cambios de escena. Un circuito cerrado de televisión y un moderno equipo de transmisores portátiles ayuda a coordinar todas las maniobras escénicas.
El piso del escenario es de pino de Canadá, desmontable en todas sus partes. Dispuesto en calles, está sostenido por 29 tirantes transversales empotrados en los muros laterales, que a su vez están sostenidos –cada uno– por 9 columnas de hierro. La boca del escenario está cerrada con un magnífico telón de felpa roja con su borde inferior bordado hasta una altura de dos metros. Se abre hacia los ángulos superiores mediante un mecanismo que puede regular la velocidad de maniobra y permite cierres rápidos o lentos según lo requiera la acción.
En 1992, se incorporó un sistema que permite seguir la acción, con textos traducidos al español, proyectados en la parte superior de la boca del escenario, de esta forma se facilita la comprensión de las óperas cantadas en otros idiomas.
Delante del telón y en un nivel más bajo, está el foso de la orquesta con capacidad para 120 músicos. Está tratado con cámara de resonancia y curvas especiales de reflexión del sonido. Estas condiciones, las proporciones arquitectónicas de la sala y la calidad de los materiales contribuyen a que el Teatro Colón tenga una acústica excepcional, reconocida mundialmente como una de las más perfectas.



La acústica

Cantantes y directores de orquesta han admirado esa condición especial de la sala para “llevar” el sonido hacia el espectador en cualquier lugar del recinto. La forma de herradura que tiene la sala crea una caja acústica adecuada; el arco del proscenio, formado por el techo –sobre el foso de la orquesta– y los amplios laterales donde se encuentran las filas de los palcos avant scène, proyecta mejor el sonido hacia la sala. Curiosamente, tanto el trazado del cielo raso, en forma de cúpula como las enormes dimensiones de la sala no han afectado la excelencia de la acústica. La calidad y la disposición de los materiales estructurales, los revestimientos y los decorados contribuyen favorablemente.
La distribución de la yesera, de las maderas, de la tapicería, de los cortinados y de las alfombras mantienen una acabada armonía para que el tiempo de reverberación a quinientos y a mil ciclos por segundo pueda considerarse óptimo, ya que alcanza 1,8 segundos para conciertos y de 1,7 para representaciones de ópera.
A pesar de que hoy existen métodos de cálculo acústico para prever los resultados de un diseño, existen imponderables que pueden definir los resultados. Hoy se la reconoce como la sala de mejor acústica del mundo.



Talleres y otras dependencias


El Teatro realiza las producciones de sus espectáculos en talleres propios que están ubicados en los subsuelos. Desde los decorados hasta el vestuario, todos los elementos se fabrican en el Colón. En la sección Diseño de Producción se proyectan y se diseñan los trabajos que se realizan en los distintos talleres para cada título de la temporada. Estos talleres, de gran importancia, no solo por su magnitud, sino por la obra que en ellos se realiza, fueron habilitados en 1938: Maquinaria, Escenografía, Utilería, Sastrería, Zapatería, Tapicería, Mecánica escénica, Escultura, Fotografía, Maquillaje y Peluquería. Gran cantidad de trajes de época, pelucas y tocados se fabrican respondiendo a las necesidades de cada título; existe una importante colección de elementos que son parte de la historia del teatro y testimonio de los importantes artistas que los utilizaron.
También hay talleres de Pintura y Artesanía teatral, Luminotecnia, Efectos especiales electromecánicos, y Grabación y video. Desde el último piso de los talleres hasta el escenario, corre un amplio montacargas destinado a elevar decorados ya armados, carruajes, trastos, animales, muebles y todos los elementos necesarios para la escena.
El Teatro Colón cuenta con amplios camarines para los artistas, los maestros prepapadores y los directores. Hay salas de ensayo y de prueba, como la Sala 9 de Julio, que reproduce las medidas del escenario, y la Rotonda, salón de forma circular rodeado de espejos que sirve como sala de ensayo para el cuerpo de Baile. A partir de las obras realizadas en los años ’70, que ganaron espacio debajo de la Avenida 9 de Julio, en el primer subsuelo se encuentran las oficinas administrativas.



Instituto Superior de Arte del Teatro Colón

Sede de cátedra de maestros como Roberto Kinsky, Edith Fleischen, Otto Erhardt y Michael Gielen y semillero natural del Teatro, el Instituto Superior de Arte, creado en 1937 como Escuela de Ópera del Teatro Colón, es el instrumento fundamental de la tarea docente del Teatro.
En el Instituto Superior de Arte, que funciona en diferentes pisos del Teatro, se dictan las carreras de Danza clásica, Canto lírico, Régie, Dirección musical de ópera y Caracaterización teatral. Los alumnos del Instituto participan a menudo de las producciones del Teatro, y sus egresados integran en muchos casos los talleres del Colón y de otros destacados centros artísticos del mundo.
La proyección de la instancia de aprendizaje se realiza tanto en el Teatro Colón como en otros escenarios de Buenos Aires, del interior del país y del extranjero.


La Biblioteca
 


La biblioteca del Teatro Colón es pública y cuenta con un importante acervo bibliográfico disponible para la consulta de estudiantes, periodistas, investigadores y público en general.
Posee enciclopedias, diccionarios y libros de referencia sobre los distintos estilos musicales, biografías, partituras y libretos. Incluye libros sobre técnicas de ballet, diseño de vestuario y caracterización. También se conserva la colección completa de los programas del Teatro desde 1908 hasta la actualidad, los programas del antiguo Teatro de la Ópera, la Gaceta Musical desde 1874 a 1887, la colección completa de la revista Lyra, y otras revistas especializadas. El patrimonio también incluye los recortes periodísticos referidos a la actividad del Teatro desde 1927 hasta la fecha, y una importante colección de fotografías.




La actividad artística


Según Roberto Caamaño, en su libro La historia del Teatro Colón, 1908-1969, se ha vulgarizado una clasificación que divide los teatros en dos tipos: los permanentes y los “de estación” (stagione). En los primeros, las temporadas abarcan diez u once meses por año; cuentan con cuerpos artísticos, elencos y repertorios más o menos estables, y tienen talleres y secciones técnicas especializadas en las necesidades de la actividad teatral. Esto les permite una variada programación que incluye el ballet y el teatro dramático (por ejemplo, el Covent Garden de Londres o la Ópera de París). En cambio, los teatros de “estación” desarrollan su actividad durante períodos breves y variables, y contratan todo el personal necesario para cada espectáculo.
El Teatro Colón funcionó desde 1908 hasta 1925 como un teatro “de estación”. El desarrollo de la actividad estaba a cargo de concesionarios y las temporadas eran de tres meses. En algunas temporadas se agregaba algún ciclo de conciertos o de ballet. Recién en 1925, cuando se crean los cuerpos estables (Orquesta, Coro y Ballet) el período de actividades se extendió a seis meses. En 1931, se eliminó el sistema de concesiones y el Teatro comenzó afuncionar como un ente municipal. En 1934, comenzaron las presentaciones de verano, y el teatro pasó a ser una institución artística permanente. Actualmente, la temporada oficial se extiende desde marzo o hasta diciembre.
La programación de ópera –siguiendo una antigua modalidad– se ofrece al público en ciclos de abonos: Gran Abono, Abono Nocturno Tradicional, Abono Nocturno Nuevo, Abono Vespertino y Abono Especial. También se ofrecen funciones extraordinarias.



Los cuerpos estables

En 1925, el Teatro comenzó a producir sus temporadas con la participación de elencos totalmente argentinos, garantizando un funcionamiento regular y permanente.
La Orquesta Estable, el Coro Estable, el Ballet Estable, el Coro de Niños, la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y la Orquesta Académica del Teatro Colón conforman un excelente equipo que posee una honrosa tradición, alternando constantemente los estilos más diversos, ductilidad y altísimo nivel artístico que los convierte en pilares de cada función de ópera, ballet o conciertos.
Artistas de la envergadura de Erich Kleiber, Héctor Panizza, Sir Thomas Beecham, Ferdinand Leitner, Juan José Castro, Gino Marinuzzi, Tullio Serafin, Gregorio Fittelberg, Fritz Reiner, Arturo Toscanini, Ernest Ansermet, Fritz Busch y Karl Böhm, entre muchísimos otros.
La Orquesta Estable del Teatro Colón fue también templada por la presencia de compositores como Manuel de Falla, Richard Strauss, Henri Rabaud, Aaron Copland, Arthur Honegger y Albert Wolff, quienes frecuentemente trabajaron con ella sus nuevas obras.
El Ballet Estable es el instrumento de las creaciones de coreógrafos nacionales y extranjeros invitados. La compañía ha realizado giras internacionales y varios de sus integrantes han desarrollado importantes trayectorias fuera del país: Julio Bocca, Maximiliano Guerra, Norma Fontenla, Paloma Herrera, Liliana Belfiore, Raquel Rossetti, José Neglia.
El Ballet Estable contó con célebres étoiles como Margot Fonteyn, Yvette Chauviré, Joan Cadzow, Alicia Alonso, Igor Youskevich, Tamara Tumánova, Ghislaine Thesmar, Rudolf Nureyev, Maia Plisétskaia, Vladímir Vasíliev, Ekaterina Maxímova, Viacheslav Gordeiev, Carla Fracci, Ludmila Semeniaka, Mijaíl Baríshnikov, Nadezhda Pávlova, Cecilia Kerche y Alessandra Ferri, entre otros.
Directores como Herbert von Karajan, Wilhelm Furtwängler, Sir Thomas Beecham, Peter Maag, Ferdinand Leitner, Lorin Maazel, Zubin Mehta, Eduardo Mata y solistas de la talla de David Oistrakh, María Tipo, Marian Anderson, Nicanor Zabaleta, Andor Foldes, Martha Argerich, Régine Crespin, Gidon Kremer, Yo-Yo Ma, Itzhak Perlman, Evgene Kissin, Plácido Domingo y Pinchas Zukerman no hacen más que dar una semblanza de la categoría de los artistas que han trabajado con la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.
Frecuente protagonista de giras al exterior, la es la agrupación sinfónica del país que mayor número de partituras de autores argentinos ha programado, como lo demuestran los estrenos y primeras audiciones de más de trescientos cincuenta obras, con el anhelo de que la música de estos compositores sea difundida universalmente.
La Orquesta Académica del Teatro Colón, creada en 1995, está integrada -mediante una severa selección- por jóvenes instrumentistas que no superan los 25 años. Durante 2000, realizó una serie de conciertos en el Festival de Canterbury, en el Barbican Centre de Londres y en otros centros musicales, y presentaciones públicas junto con orquestas juveniles inglesas.



Centro de Experimentación del Teatro Colón


Creado en 1990 para la difusión de obras de vanguardia, muchas de ellas en carácter de estreno, el Centro se ha especializado también en miradas alternativas sobre obras menos frecuentadas del repertorio clásico. Estrenos de partituras de Hans Werner Henze, Marc Neikrug y John Cage se alternan provocativamente con las de Monteverdi y Bach, Britten y Schönberg, Stravinsky y Janácek, pasando por prestigiosos autores argentinos como Francisco Kröpfl, Martín Matalón, Marta Lambertini, Luis Naón, Alejandro Tantanián, entre muchos otros. El Centro es un espacio alternativo para nuevas expresiones y para la iniciación de los jóvenes artistas, y produce una fecunda realimentación de talentos. Desde 1997, el CETC tiene su propia sede en el subsuelo del Colón, con ingreso por el Paseo de Carruajes, reinaugurado ese mismo año.
Además, el Teatro Colón cuenta con un cuerpo de Figurantes de escena y cantantes. Los maestros internos trabajan con los artistas en la preparación de las obras, y coordinan los ensayos individuales y de conjunto.



Los artistas que actuaron en el Colón

Entre los compositores más celebrados que dirigieron sus obras en el Teatro Colón, se destacan Richard Strauss, Arthur Honegger, Ildebrando Pizzetti, Ottorino Respighi, Igor Stravinsky, Paul Hindemith, Camille Saint-Saëns, Manuel de Falla, Aaron Copland, Krzysztof Penderecki, Gian-Carlo Menotti, Héctor Panizza y Juan José Castro. Los principales directores de orquesta se presentaron en nuestra sala, como Otto Klemperer, Fritz Reiner, Erich Kleiber, Fritz Busch, Ernest Ansermet, Wilhelm Furtwängler, Herbert von Karajan, Tullio Serafin, Gino Marinuzzi, Arturo Toscanini, Albert Wolff, Víctor De Sabata, Leonard Bernstein, Mstislav Rostropovich, Sir Malcolm Sargent, Karl Böhm, Fernando Previtali, Sir Thomas Beecham, Ferdinand Leitner, Lorin Maazel, Igor Markevitch, Bernard Haitink, Zubin Mehta, Marek Janowsky, Aldo Ceccato, Riccardo Muti, Kurt Masur, Michel Corboz, Franz-Paul Decker, Riccardo Chailly, Sir Simon Rattle, Claudio Abbado, René Jacobs y los argentinos Ferrucio Calusio, Daniel Barenboim, Gabriel Garrido, Miguel Ángel Veltri y Simón Blech, entre otros.
Entre los cantantes, la extensa lista incluye a Enrico Caruso, Fedor Chaliapin, Titta Ruffo, Rosa Raisa, Gabriela Besanzoni, Claudia Muzio, Lotte Lehmann, María Barrientos, Ninon Vallin, Lily Pons, Beniamino Gigli, Giacomo Lauri-Volpi, Helen Traubel, Aureliano Pertile, Rafael Lagares, Miguel Fleta, Alexander Kipnis, Ebe Stignani, Lauritz Melchior, Georges Thill, Maria Caniglia, Bidu Sayâo, Ezio Pinza, Tito Schipa, Toti Dal Monte, Fedora Barbieri, Hipólito Lázaro, Max Lorenz, Gina Cigna, Zinka Milanov, Rose Bampton, Leonard Warren, Kirsten Flagstad, Hans Hotter, Elisabeth Schwarzkopf, Maria Callas, Mario del Monaco, Erich Kunz, Nicola Rossi-Lemeni, Victoria de los Ángeles, Felipe Romito, Renata Tebaldi, Antonieta Stella, Borís Christoff, Inge Borkh, Ramón Vinay, Ana Moffo, Richard Tucker, Cornell MacNeil, Flaviano Lavo, Régine Crespin, Annelise Rothemberger, Jon Vickers, Birgit Nilsson, Wolfgang Windgassen, Joan Sutherland, Leonie Rysanek, Montserrat Caballé, Teresa Berganza, Alfredo Kraus, José Carreras, Leona Mitchell, Leontyne Price, Frederica von Stade, June Anderson, Kiri Te Kanawa, Katia Ricciarelli, Marilyn Horne, Anna Tomowa-Sintow, Kathleen Battle, Cecilia Bartoli, Plácido Domingo, Hildegard Behrens, Christa Ludwig, Eva Marton, Hermann Prey, Nicolai Gedda, Sherrill Milnes, Beverly Sills, Sena Jurinac, Waltraud Meier, Renée Fleming, Luciano Pavarotti, José van Dam, Gwyneth Jones, Ferruccio Furlanetto, Dmitri Hvorostovsky, Mirella Freni y Samuel Ramey. También cantaron en el Colón artistas argentinos que han desarrollado una importante carrera internacional, como Delia Rigal, Luis Lima, Raúl Giménez, Ana María González, Renato Cesari, Ricardo Cassinelli, Gian-Piero Mastromei, Ángel Mattiello, Carlo Cossutta, Carlos Guichandut, Cecilia Díaz, Paula Almerares, Marcelo Álvarez, José Cura y Darío Volonté.
Primeras figuras de la danza bailaron en el Teatro Colón: Anna Pavlova, Vaslav Nijinsky, Tamara Karsavina, Rudolf Nureyev, Alicia Alonso, Maia Plissetskaya, Tamara Toumanova, Margot Fonteyn, Mijail Baríshnikov, Vladimir Vassiliev, Ekaterina Maxímova, Ghislaine Thesmar, Michael Denard, Antonio Gades, y los argentinos María Ruanova, Olga Ferri, Michel Borovsky, José Neglia, Norma Fontenla, Wasil Tupin, Esmeralda Agloglia, Jorge Donn, Julio Bocca, Maximiliano Guerra y Paloma Herrera.




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Fuente: http://www.teatrocolon.org.ar/historia/historia.htm